La mayor felicidad está en la compañía, en el recibir y el dar, en relacionarnos con los demás. La existencia se vuelve más ligera cuando estamos acompañados: el éxtasis se vuelve más intenso cuando lo experimentamos con nuestros compañeros, pocas veces la risa llega a las lágrimas si no es en compañía, los viajes en solitario enseñan lo que valen los viajes en compañía. Como dijera Silvio Rodríguez, «la compañía vale soledad», o, como dijera Octavio Paz, «todos somos la vida». Es en la comunión con los otros donde nos encontramos; somos espejos los unos de los otros, y juntos también. Cuando somos un equipo, una tribu, decenas, cientos o miles la individualidad desaparece. Las relaciones en todas sus formas son semillas de alegría. Algunas de las peores desdichas que he enfrentado vienen de romper estos lazos, relaciones, amistades, equipos de trabajo; cada una tiene su propio dolor, su vacío, su pesar, su soledad.
La gran mayoría de las mejores que experiencias que he tenido las he vivido en compañía: con mi hermana durante la infancia; con mis amigos de primaria Benjamín y Alejandro, con quienes descubrí el mundo; con mi amigo Andrés, con quien hice mil travesuras y empecé mi primer negocio; con mis vecinos Constantino, Chuchis y José María y mis padrinos Chuchis y Tino. Y qué decir de mis padres, quienes no solo me dieron la vida, sino que me han acompañado a lo largo de esta, en especial mi madre, quien creyó en mi más de lo que yo lo hacía.
Seguramente están viniendo a tu mente muchas personas, como tus amigos de la infancia o tu familia nuclear. La vida está llena de relaciones, y yo recuerdo la gran mayoría de ellas con una sonrisa.
Ya en la pubertad conocí a mis amigos Cortina y Tena, con quienes empezaba a tomar conciencia de la sexualidad, los vicios y la vida fresa; y mis grandes amigos de la adolescencia, cuando experimenté el terrible dolor de crecer —incluso a uno de nosotros, a Levet, le costó la vida—, mi compañeros de cigarro: el Gato, con el cual crecí como hermano, y después Said y Hesse, los cuales se develó en mí la posibilidad de la vagancia, el arte y el sentimiento de libertad, que amo y siento que amaré por toda la eternidad: caminar por el simple hecho de hacerlo, dialogar con la inmensidad, vagabundear por tierras paradisíacas y vivir experiencias sagradas… También mi querido Rolando, con quien atravesé el túnel oscuro de la mente y las sustancias, y, en definitiva, todos los amigos de la adolescencia y la pubertad.
Tú seguramente también tendrás a quien recordar.
También en esta época surgió el primer amor, mi primera novia con quien, en solo quince días, conocí el cielo, los primeros besos, el engaño, el infierno de ser despreciado, el dolor del amor y los sueños tronados.
Después, con mi novia de la universidad descubrí, durante cinco años, mil formas de amor y de desamor. Volví a sentir el sueño del amor, y la satisfacción plena de estar solo con una persona conociendo la Tierra y cuanto habita en ella. Recuerdo beber del néctar en la copa y luego una lluvia de lágrimas como cristales cortándome el corazón, torturándome. Sentir duele. Amar también.
Y los corazones que destrocé sin querer, las mujeres para las que no fui, y aquellas con las que soñé, o con las que nos acompañamos un momento o unos meses; de algunas tengo grandes recuerdos, de otras solo puedo decir que nos divertimos. Somos una colección de personas. Nuestro amor es una estrella palpitante formada por decenas de personas. Nuestro corazón y nuestro alrededor cambia cuando estamos con ellas.
Recuerdo a mis amigos de teatro: a Cecilia, con la que empecé a aprender cómo mover la voz y a entender la trama del mundo y sus personajes; a Nayeli, con quien conocí la vida fútil de la comedia musical y aprendí a luchar por el trabajo actuando en La amiga y su familia Bretón.
Cuando recuerdo a tantas personas que me han ayudado a ser quien soy solo puedo sentir amor, pues ellas me han acompañado en lo que soy. También recuerdo a mis maestros: a Luis Pablo, que me enseñó que las personas somos personajes reflejos de emociones; a Mayra Mitre, que me enseñó a mover la voz; o al maestro Rosas, con el que aprendí a leer las novelas como metáforas y símbolos. También algunos conocidos se cruzan en nuestra vida en forma de maestros, acompañándonos, enseñándonos o proporcionándonos ciertas claves fundamentales para nuestro crecimiento.
Recuerdo a mis hermanos del grupo, decenas de personas con las que viví una vida que tendía a estar muerta y de la que afortunadamente me despedí; muchos de ellos murieron, otros están en la cárcel o en instituciones psiquiátricas, o viven en la calle o con sus padres. El padrino Ernesto fundó ese locutorio de auto ayuda que me hizo renacer, a mí y a algunos más. Con Juan Carlos atravesé el infierno, consecuencia de lo que había hecho. El periodo más oscuro no está en la droga, sino en lo que se encuentra uno al salir de ella; pues, mientras estás enganchado, la oscuridad es la realidad y lo único que se conoce. Gracias a conocer la luz pude despertar y esta me la di yo mismo, en ese momento fue cuando empecé a quererme y a cultivar mi bienestar y la relación conmigo mismo.
Después de pasar un período de terrible soledad tuve a mis amiguitas de la universidad: Arely, Elda y mi querida Adriana. Con ellas volví a estudiar y a emprender, a trabajar, a sentirme valioso, a soñar, a rehacer una vida que durara un poco más que la que acababa de tirar. Y esta nueva vida trajo consigo las grandes amistades de mi vida: a Rosario, mi hermana, maestra y compañera, con la que he compartido más de una década de crecimiento e introspección, de conocimientos, de aprendizajes, recuerdos, lágrimas y descubrimientos; mi querido Alex Alfa, con quien he avanzado en la transformación de mi cuerpo hasta lograr hazañas en aguas abiertas, carreras y pruebas de mediana y larga distancia; y mi querida y hermosa esposa, amiga, amor, compañera, mi querida Yayita, con quien planeó pasar la vida entera.
Y las personas que me faltan, o los amigos que vienen y van, pero que están siempre como un ancla cuando se les llama, como mi querido hermano, soldado, el genio Humberto; o mi compañero de dolor y nacimiento, Rolando. Y los que están presentes en mi vida cotidiana, aquellos con los que compartimos el trabajo y nos volvemos hermanos de lucha, como mi querida hermana María o mi hermano Abdalio, con los cuales voy creando y recreando un proyecto tras otro, y los que han sido testigos día a día de mis movimientos durante casi una década de emprendimiento.
Y muchos más, como mis aguerridas empresarias Amaranta y Sofía, mis queridos fotógrafos artistas Carlos Eneldo y Juan Carlos Mano; somos viajeros y en el camino andamos. Mis amigos terapeutas, mi querida tía Yolanda y mi compañero inseparable de crecimiento vital, Iván. Mis queridos suegros Toño y Mago, y mis cuñados Toño y Lau, mi nueva otra familia. Y mis sobrinos, en los que veo la vida renovarse.
Nuestras relaciones son la estrella que nos produce la felicidad más intensa, pues a través de ellas nos damos cuenta de que en realidad no estamos aislados, que somos muchos en esta vida, somos conexión, energía, amor que palpita cuando compartimos esto que llamamos vida, en forma de un café, de una conversación, de un viaje, de una sonrisa. Es verdad, todos somos la vida, y las experiencias más gratas son compartidas. Cuando recuerdo lo solo que he estado, hasta el punto de que un año únicamente mi madre y mi hermana me felicitaron en mi cumpleaños, es cuando más consciente soy de que la amistad, las relaciones y el amor forman un gran espacio en nuestra vida y hay que cultivarlas para que no se apague la llama.
Ahora te toca a ti encender tus velas y recordar aquellas luces que quizás están apagadas pero que anteriormente dieron calor a tu vida, todos esos amigos, maestros y amores que merecen ser recordados, pues todos nos han aportado o enseñado algo. Haz una lista de todos ellos y empieza a reencontrar y encender tu estrella para que vuelvas a sentir la explosión del amor en tu vida, pues el amor es tanto la semilla como el resultado de las relaciones, el amor en su infinita variedad prismática y armónica de colores.
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