Mientras pedaleo en mi bicicleta estática, El beatritmo de la música se encadena en mis pedales, el corazón se me acelera, siguen subiendo las revoluciones por minuto las pulsaciones a la par que mis palpitaciones, las piernas y las mentes de los ciclistas armonizan y explotan una y otra vez en gritos, aplausos y sonrisas. Cuando la música hace una pausa es cuando nos damos cuenta de que estamos juntos en un rito de esfuerzo, motivándolos, sintiéndonos fuertes e imparables. La sensación de fluir se hace una sola convierte en una única energía que gira en los platos de cada una de estas bicicletas que, lejos de estar pegadas a la tierra, nos hacen sentir que volamos a través de ellas. Las alas nacen en los pies y se elevan por nuestras piernas hacia el corazón y la mente, que engarzan el infinito a través de esta cadena de emoción extrema. Somos energía, somos potencia, somos fluir que no cesa, y las pulsaciones de la música y las nuestras son una sola. Las luces dentro y fuera de la oscuridad palpitan, a veces en ascenso, a veces nos regresan a la silla. El estudio se vuelve una nave nodriza que despega y nos lleva más allá de nuestras conciencias. El cuerpo alterado corre como si escapara. Es justo es eso, lo que necesitamos, justo es lo que buscamos,: salir de nosotros, unirnos con la música, las luces, los otros. Girar como lo hace la tierra, y también todos los demás planetas. Danzar con fuerza hacia otra dimensión interior. Entrar en el trance exterior e interior. Dejar que la imaginación nos golpee con su irradiación y, en la oscuridad, entre un flash y otro dejo de ser yo, dejamos de ser nosotros, celebramos una vez más nuestro rito de resurrección. Matamos con Anulamos el presente, el pasado, y nos unimos al futuro que alcanzamos mientras pedaleamos. Necesitamos de los ritos para poder seguir avanzando. Cambiamos las fogatas por leds, los tambores por bajos, pero el ritmo es el mismo y los cantos tienen los mismos elementos que en el pasado. Danzamos sobre las ruedas y, contemplamos en vez de las estrellas, contemplamos miles de pequeños leds que se iluminan. Nuestra artificial maravilla, nuestro ritual de conquista, de unión con nuestra propia naturaleza, la que apaga la cabeza mientras nos agitamos. A veces siento que desaparezco mientras pedaleo y sé que a muchos más también les pasa,; por eso lo hacemos, para dejar de ser, por unos momentos, volar un poco y luego caer volver de nuevo ena lo que éramos, después de volar un poco, volvemos renovados por la intensidad ha de ser quienes queremos.
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