El primer gran problema es que les llamamos sueños a nuestras metas, que le damos tientes de irrealizable a aquello que deseamos, que empezamos con el pie izquierdo al calificar como imposible aquello que es alcanzable, que pensamos que aquello a lo que hemos venido o lo que más deseamos no está dentro de nuestras posibilidades. Y así empieza el círculo del fracaso, pues luchamos por algo que, en el fondo, creemos irreal; por tanto, el primer paso es hacerlo real, dejar de llamarlo sueño para llamarlo deseo, meta, proyecto, reto.
Una vez que lo hemos ubicado en la dimensión de lo real el siguiente paso es ir adquiriendo la confianza de que podemos llegar a nuestra meta, hasta tener la certeza de que podemos conseguirla, realizar nuestros deseos, alcanzar el reto. Dado que nuestro cerebro no reconoce grandes diferencias entre nuestro pasado y lo que somos o deseamos hay que configurarlo de forma que tenga la seguridad de que va a conseguir lo que se propone. Para ello tenemos que visualizar diariamente lo que queremos.
Las dos grandes fuentes de nuestras acciones son el sufrimiento o el deseo de alcanzar alguna meta. Primero materializamos en nuestra mente el proyecto de forma que podamos hacerlo factible y sentir que podemos lograrlo. Para materializar lo abstracto hay que traerlo a nuestra vida, y esto que llamamos vida es solo un conglomerado de diversas áreas, una composición, un constructo de nuestra salud, nuestro trabajo, nuestro amor o relaciones y nuestra recreación o diversión.
Vale la pena empezar por donde nos lleve el dolor o el deseo, perseguir la meta que anhelamos. Por ejemplo, en el trabajo primero tenemos que visualizar qué es aquello que queremos lograr, tenemos que imaginarlo hasta poder explicarlo con tanta claridad que nuestra mente no tenga dudas de que lo va a lograr; de hecho, lo mejor es imaginar que estamos celebrando que ya lo hemos logrado, de esta forma nuestra mente percibirá el futuro como pasado: el sueño ya ha sido soñado, el listón de la meta está golpeando nuestro pecho, venimos felices en el avión de regreso, hemos terminado el proyecto, hemos hecho miles de ventas, el primer millón, el lanzamiento, debemos imaginarnos en una junta, felices, con un equipo formado y alineado… Se trata de crear en nuestra mente lo que aún no hemos creado en la realidad, y amueblarla; tatuarnos la meta en los párpados y que con cada parpadeo digamos a nuestra conciencia que logramos esa meta. Solo tú sabes lo que quieres conseguir en tu trabajo, tu salud, tus relaciones y tu diversión.
El primer paso es decir y manifestar «esto es lo que QUIERO», y responder a la pregunta de quién quieres ser, a dónde quieres llegar, y hacerlo Único, colorear la meta con tu esencia, hacerla propia. Después Imaginar cómo alcanzar eso que quieres, así como Investigar cómo vas a llegar a ella —cuanta más información tengas sobre los pasos a seguir más fácil será alcanzarla—. Entonces, Ejecutar, actuar, hacer; dado que lo que queremos es alcanzable solo debemos hacer lo que imaginamos, estudiamos o creemos y, así, alcanzaremos un primer Resultado. Cada resultado obtenido nos va acercando a quienes queremos ser, y conforme avanzamos debemos ir corrigiendo el proceso y Optimizando, buscando cómo llegar más rápido o con menos esfuerzo y redefiniendo y refinando nuestros objetivos, nuestro destino.
Lo importante es no dejar de caminar, recordarnos una y otra vez «esto es lo que quiero», revisar lo que queremos, nuestro objetivo, hacer único el siguiente paso, investigar e imaginar cómo lo haremos y después ejecutarlo y seguir optimizando, corrigiendo el camino mientras vamos avanzando.
Si tenemos claras las preguntas llegaremos más rápido a las respuestas. Si no llamamos sueño a lo que deseamos podemos alcanzarlo, y desterrar esta creencia cauterizada en nuestras creencias cuesta trabajo. Para reencuadrarla en este sistema, ante la pregunta ¿qué es lo que quiero?, la respuesta que subyace es «lo que quiero es hacer realidad mis deseos»; para ello, tenemos que dejar de llamarlos sueños, y la forma de hacerlo es poner un nombre único a esas metas: dejar de llamarlas metas e imaginar justo lo que queremos.
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