Los motores del cambio
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por | 18/10/2022 - 10:27 PM | Cambio de vida

«Hasta que el dolor por no cambiar no sea tan fuerte que no puedas soportarlo, o estés cerca de una tragedia o de la misma muerte, no vas a cambiar. Ay, hermano, maldita enfermedad». Esto es lo que me dijo mi padrino hace más de veinte años cuando decidí cambiar mi vida entera. Tenía que dejar la bebida y las drogas, acabar con una relación tóxica, iniciar una nueva carrera, pagar deudas, hacer ejercicio… Al parecer, todo lo había hecho mal. Las decisiones que había tomado en la última década, que en su momento me parecieron correctas, me llevaron a convertirme en alguien que no quería ser. Cuando entré a la facultad de Filosofía y Letras deseaba ser un feliz escritor viajero, coleccionista de experiencias; pero, sin quererlo, me convertí en un triste corredor de seguros, coleccionista de tragedias: deudas, relaciones tóxicas, adicciones y problemas. Desde los veinte años empecé a darme cuenta de que mi vida no iba bien; me dije una y mil veces que iba a cambiar, intenté de muchas maneras dejar el alcohol, las drogas y las relaciones tóxicas sin conseguirlo, hasta que mucho tiempo después de estar muerto en vida, una mañana aluciné escuchar a mi madre cantar «… y mataste… la esperanza».

Ahora que analizo esta letra me doy cuenta de que en ese momento descubrí que yo había hecho eso, había matado la esperanza, y eso era justo lo primero que debía recobrar. Y esto, en el fondo, tiene mucho que ver con lo que vamos a hablar, para que recobres la esperanza en que tú puedes decidir, cambiar y mejorar cada área de tu vida.

Para recobrar la esperanza, lo primero que hice fue buscar ayuda: confiar en un sistema y buscar amigos, mentores y maestros que me ayudaran a cambiar. Así fue cómo poco a poco empecé no solo a dejar las sustancias, sino a cambiar mi cuerpo, mi mente, mis emociones, mis creencias, mi forma de relacionarme, de estudiar, de trabajar y mucho más. A los veintinueve años había conseguido la vida que quería: primero hice realidad mi sueño de ser periodista de viajes, y a los treinta y dos creé mi primera empresa. Desde entonces no he dejado de emprender, aprender y abrazar el cambio y la revolución digital, en el ámbito de la mercadotecnia con mi agencia DigitAll Business, en medios digitales con Transformación DigitAll, en el e-learning con la Escuela de Negocios Digitales, y recientemente en el sector de las agencias de viajes online con Uadventurer. La mayoría de estas empresas las he reformado, cerrado o transformado y hoy me he decidido a abrazar todavía más el cambio aterrizando en esta metodología integral de cambio.

Durante muchos años me enfoqué solo en cambiar en mi trabajo, y esta obsesión laboral resultó ser uno de los más grandes errores que he cometido: la creencia de que, cambiando solo mi trabajo, cambiaría mi vida, —una de las más arraigadas mentiras hoy en día—. Esta creencia casi me vuelve a costar la vida a los treinta y cinco, pues convertí mi vida en una agonía al obsesionarme con una sola salida: el trabajo. Al igual que me sucedía con la droga, no dormía, estaba arruinado, desganado, a punto del divorcio, con serios problemas de salud y solo. En esos momentos me di cuenta una vez más de que cambiar siempre es necesario, aun cuando se está bien; si no vamos cambiando y adaptándonos, nos estancamos.

Hoy, a mis cuarenta y cinco, he conseguido darle la vuelta a esto. Físicamente soy un triatleta de alto rendimiento, mentalmente un investigador, escritor, intelectual y meditador, emocionalmente estoy trabajando en ser más positivo, espiritualmente estoy buscando estar más en conexión, y económicamente voy progresando año tras año.

En lo laboral tengo diversas inversiones y trabajos que me aportan principalmente dinero, pero, como me di cuenta con el «workaholiquismo», no solo de pan o dinero vive el hombre, así que vuelco mi conocimiento y experiencia en la generación de estrategias de cambio, tanto para individuos como para empresas. En ello, además de dinero, encuentro creatividad, expresión, conocimiento, libertad y flow. Con todo esto deseo ayudarme a mí y a ti los demás a aprovechar al máximo nuestra estancia en esta Tierra.

Tengo amigos, más de los que nunca he tenido, y a todos ellos los admiro y los quiero. Me he casado con una hermosa mujer y estamos planeando tener un hijo. Tengo una buena relación con mi madre, mi hermana, mis primos, mis tíos, mis suegros y mi familia extendida.

Y para divertirme vivo planificando y realizando viajes por México y otras partes del mundo que me ayudan a recrearme, algunos de los cuales transformo en crónicas de viaje y transformación épica en libros, audiolibros y poemas. Lucho día a día por cambiar un poco más, por mejorar cada una de estas áreas, ya no para huir del dolor, sino por el deseo de lograr algo mejor.

Después del dolor, el segundo gran motor del cambio es el deseo de algo mejor. Es un camino interminable, pues conforme avanzas te das cuenta de que puedes mejorar en cada aspecto de tu vida, y esa esperanza, junto a la sensación de progreso conforme vas consiguiendo o liberando retos, te va haciendo crecer y crecer, e ir por más y más. El objetivo es que siempre que mires atrás te des cuenta de que has logrado mucho más de lo que pensaste, y no me refiero solo a lo material, sino también a la relación que tienes contigo mismo y con los demás.

Los cambios por el deseo de algo mejor son similares a los que ponemos en marcha cuando queremos huir del dolor, solo que estos últimos están motivados por el sufrimiento: cuando se está sufriendo lo único que se desea es dejar de sufrir. Pero una vez que superamos ese estado nos encontramos ante el reto de seguir mejorando. Los problemas y los retos están hechos de los mismo: son un llamado al cambio, y lo que tenemos que hacer para alcanzar la solución del problema o conseguir nuestra meta es crear una estrategia para el cambio.

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