Lo fugaz, permanece
[social_links_para]

por | 01/12/2022 - 12:40 PM | Cambia ti vida

Lo único que permanece estático es aquello que está muerto, o lo que está a punto de hacerlo.

Siento la inercia al movimiento y me quiero abandonar a él, pero tengo miedo de la dirección en la que me lleve. Así es el cambio: sé que voy a un nuevo destino, no tengo claro cuál es, nadie lo tiene en este momento; pero confío en que será mejor que donde he estado o estoy parado, pues sigo creciendo y abrazando el movimiento. 

Hoy creo en la ecuación «crecimiento es igual a deseo, cambio y diseño». 

Cualquier crecimiento se debe a un deseo, y la conversión de ese deseo en un plan es el diseño. 

El deseo es tener ganas de que las cosas sean diferentes; el diseño, la conversión de ese deseo en un plan o ruta lógica para conseguirlo. 

El crecimiento es el cambio positivo. Entonces, el cambio implica crecimiento siempre y cuando este sea consecuencia del deseo y del diseño. Todo cambia, queramos o no; la clave es diseñar ese cambio, desear interferir en su dirección. Nunca dejamos de envejecer, de avanzar, de vivir…si no diseñamos nuestra vida e intentamos convertir nuestros deseos en realidad, será como vivir la vida de otra persona. 

El diseño de vida es la única forma de tener una vida de ensueño.

Lo único que tenemos realmente es nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestras acciones… aquello que llamamos vida. Es el regalo más grande que podemos tener. Es un cheque en blanco, una materia dispuesta a ser modelada, la pieza de mármol de la escultura, la chispa del origen y la posibilidad. Si tomamos conciencia de esto y nos enfocamos en su diseño podemos canjear ese cheque por millones de dólares, sueños, sonrisas… y convertir nuestra vida en esa obra de arte que podemos contemplar, ver, analizar, disfrutar lo que dure nuestra eternidad. 

Los materiales del cambio positivo o crecimiento son el deseo, el diseño y algo más. Ese «algo más» son una colección de cientos de herramientas, de técnicas que nos ayudan a cambiar cada uno de los aspectos de nuestra vida. Así como hay cien recetas para bajar de peso, también las hay para cambiar de trabajo, para ganar más dinero, para ser más saludable, para encontrar pareja—o para ser más feliz con ella—, para tener más amigos, para vivir más intensamente, para dejar de hacerlo. Siempre hay alguien que va por delante de nosotros y nos puede enseñar. Dicen que la mejor técnica es buscar un modelo y adoptarlo durante un tiempo hasta llegar a ser, pensar, hacer, lograr lo que queremos, aquello por lo que seguimos ese modelo. Esa es simplemente una técnica; como esa hay decenas. Cada uno de nosotros tenemos un bagaje distinto, nuestra configuración neuronal es también distinta, y por eso a cada uno nos pueden funcionar técnicas distintas. Yo deseo estudiar las más que pueda y compartirlas. Si las conozco, puedo usarlas, y me he dado cuenta de que compartirlas, además de ser de gran ayuda para dominarlas, es una de las mayores dichas que existen en esta vida. Desde que fundé mi primera empresa me propuse ayudar a las personas a lograr lo que se propusieran, en ese momento decía «con ayuda de internet». Hoy por hoy esta idea sigue vigente, pues es lo que quiero hacer. En la última década me he dedicado a ayudar a las personas y a las empresas a materializar sus ideas en negocios y ayudarlos a crecer. 

     Pero quiero ir más allá. Seguiré ayudando a las personas y a las empresas a acelerar y actualizar su crecimiento laboral, pero me he dado cuenta de que hay mucho, mucho más allá. Quiero ayudarme a mí y a los que me rodean a caminar con mayor asertividad, dirección y conciencia hacia la felicidad. Ese es mi objetivo final. Pero, como en todo proyecto, viaje o travesía, si no se define el destino, nunca alcanza. 

En la última década creí que la solución de todo estaba en la transformación digital.  Veía la nube como un lienzo de nuestros deseos, en el cual podíamos reflejar y crear lo que quisiéramos. Y es cierto: hoy, en el mundo virtual podemos ser quienes queramos; pero es sólo una ilusión. 

De igual forma también es una ilusión pensar que los negocios digitales se crean con mucha facilidad.  Tal vez eso era antes, hoy la nube tiene tanta competencia, o incluso más, que el mundo offline: en nuestra esquina puede haber una pequeña tienda con cien artículos, pero en nuestros dispositivos electrónicos hay millones de ellos tan sólo en una página web. 

Lo digital es sólo una herramienta que nos puede ayudar a conseguir nuestras metas, así como lo que parece que viene implícito en esta vida: la búsqueda de la felicidad. Pero, en vez de preguntarnos qué es la felicidad de forma filosófica y ambigua, lo cual he hecho toda mi vida, he llegado a la conclusión pragmática de que lo ideal es desenmarañar el concepto en acciones prácticas o deseos, analizando el pasado, lo que vemos, lo que pensamos y sentimos. 

Si recuerdo el pasado veo que he sido feliz amando, compartiendo con otros. Eso fue lo que hace unos años me llevó a casarme, el darme cuenta de que me sentía más feliz en pareja. A través del análisis, he advertido que muchos de mis grandes momentos de felicidad y crecimiento han sido con amigos. También me he dado cuenta de que la primera relación de amor que he tenido ha sido con mi madre: soy fruto de una relación de amor, y ella fue la primera y la que más cerca ha estado de mi historia desde que tengo conciencia. Esto me llevó a entender que gran parte de la felicidad está en el amor, y que este está compuesto de relaciones.  Entonces, si quiero ser feliz debo conservar estas relaciones. Y no solo eso, sino hacerlas crecer, pues, como todo está cambiando, si las alimentamos crecen, si no lo hacemos lentamente empiezan a marchitarse, y cuando esto sucede lo que se debilita no sólo es la relación, sino nuestro objetivo inicial, la felicidad. 

Algo similar sucede en el trabajo     : si no lo diseñamos, nos lleva hacia donde      él quiere. Recordemos que nuestra gran meta era la felicidad, pero ¿qué es la felicidad en el trabajo?      Aunque, como siempre, para cada uno esta respuesta es distinta, nos han enseñado a medir el resultado de nuestro trabajo sólo en términos monetarios. Esto tal vez se deba a que la gran mayoría de los negocios se miden por     su capacidad de generar riqueza. Si bien parte de nuestro trabajo debe de estar relacionado con este objetivo, no necesariamente la mayor riqueza nos dará la mayor felicidad. Mi experiencia en el mundo empresarial es que la felicidad no está relacionada con la riqueza. Todos conocemos a tristes millonarios, pobres niños ricos, neuróticos obsesivos enriquecidos. El dinero, si bien es un indicador, no lo es todo.      

Después de analizarlo a fondo, hoy creo que lo que más felicidad genera es      la creación de valor, precisamente aquello que hace surgir un negocio. Los hombres somos felices al crear y compartir valor, ya sea una rica comida, un objeto valioso o una gran máquina. La fuente de los negocios, lo que hace que estos crezcan, está en el intercambio de valor, en la creación y en el hecho de compartir este valor, en ayudar a los demás a satisfacer sus deseos, retos y sueños. Con la felicidad sucede igual: cuanto más se crea y se comparte, esta se hace más grande.  

Otra variable del trabajo que también produce felicidad es la creación y la expresión. Por ejemplo, yo soy muy feliz moviendo mis dedos a través de las teclas, compartiendo mis ideas a través de cualquier medio con quien quiera que sea. Tengo una necesidad innata, creciente y en desarrollo de expresión, y gran parte de mi satisfacción personal y mi orgullo en la vida está en ello, en crear, hablar, ver y escuchar, por ello no dejó de crear. Y ahora, mientras escribo esto, veo cómo, al decírtelo, voy entendiendo y forjando mi nuevo trabajo. Deseo que me haga ganar dinero, que tenga impacto y que mediante él me pueda expresar al máximo. Esta configuración dejará algo de dinero, algo de impacto y algo de expresión. Lo importante es monitorear la ecuación e ir subiendo los indicadores según nuestros deseos: si queremos más dinero, pues debemos de sumar a nuestro trabajo algo por lo que la gente pague más dinero; si queremos más impacto podemos buscarlo en volumen o intensidad, ayudando mucho a uno      o, lo más difícil, mucho a muchos; o, por último, si queremos ganar en expresión, podemos ir creando más y más hasta que nos explote el corazón. 

     El trabajo es tan importante para la felicidad porque así nos lo han hecho creer en el mundo actual, pero no necesariamente tiene que ser así. Los cambios que se derivan de la robotización y la inteligencia artificial harán del mundo un lugar completamente nuevo, el trabajo tal como lo conocemos se transformará profundamente y tal vez, como ha ocurrido en otras épocas —como en el Renacimiento—, nos enfoquemos más en el impacto y en la expresión que en la generación de riqueza, puesto que las máquinas y los algoritmos desempeñarán muchas tareas mejor que nosotros mismos. 

Pero si la felicidad es amor, si la felicidad es trabajo, para lograr ambos es casi indispensable estar sano. Es difícil amar, tener amigos o trabajar cuando estamos enfermos, y si no fortalecemos el cuerpo, favorecemos que este se debilite. Si la meta que tenemos en este momento es ser felices, para conseguirla primero necesitamos estar vivos. Por ello, el tercer elemento para el diseño de la felicidad es la salud. 

Pero la felicidad no solo es tener amor, salud y trabajo; siempre hay un cuarto elemento, que es hacer cualquier cosa que nosotros queramos. Lo podemos llamar arte, júbilo, diversión, viajes…; se trata, en definitiva, de tener experiencias. Esos momentos que nos hacen sentir que solo por ellos vale la pena la existencia completa. Yo la siento en los viajes, en las pruebas físicas de resistencia, en las caminatas, en la lectura, en la narración de poesía, en la escritura, en la fotografía, en las comidas, en la meditación; puedo decir que he encontrado la felicidad absoluta una y mil veces en estas actividades día a día. 

Estas cuatro áreas —el amor, el trabajo, la salud y el disfrute— son para mí aquello que llamo felicidad, y la única forma que he encontrado para acercarme a ella es tenerlas como objetivo, diseñar el recorrido que me lleve hacia ellas. El crecimiento es un cambio positivo, las cosas se fortalecen o se debilitan; por ello hay que diseñar el futuro e ir cambiando paso a paso fortaleciendo, reforzando o modificando de dirección nuestros pasos, pero siempre vigilando hacia dónde vamos.

 

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *