La maravillosa historia de Dr Business and Mr Art. 
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por | 10/03/2024 - 3:45 AM | Sin categoría

En un mundo caótico lleno de disrupción, nació del trueno de la nube digital un ser que no encajaba. Era un niño creativo inquieto que, desde que empezó a estudiar, se rehusó a entrar en la caja. No podía quedarse callado en las clases. No quería hacer lo que le ordenaban, no quería estar sentado en un banco, quería correr en el patio, no quería aprender, sino ser. 

El lugar donde mejor se sentía era en la calle, moviendo sus piernas, ponía en movimiento cuanto tenía alrededor, no solo en su cuerpo sino en su cerebro. Cuanto veía estimulaba su imaginación, cuanto veía era un reto de comprensión. Al no conocer nada, tenía que interpretarlo y, aunque andaba por las calles en su mente, estaba de viaje. 

Su primer héroe fue su abuelo: Montero. Él era un hombre fuerte que le ponía retos y le daba grandes premios. Gracias a él aprendió a nadar en el río, a andar en bicicleta, a rodar en patines, a correr, a jugar frontenis, yoyo, trompo, balero y a caminar horas enteras. 

Una vez a mitad de una clase le dijeron que escribiera un cuento de una hoja. Él tomó el lápiz y llenó una, dos, tres, cuatro hojas. No podía parar de escribir, aún ahora sigue sin poder hacerlo. Lo único que recuerda es que había un personaje que era una piedra que hablaba… tal vez era el camino que lo llamaba. 

Como estudiante lo calificaban de deficiente, pues no podía memorizar lo que sus maestros le decían, además tenía problemas en conducta porque siempre contestaba, reía, se paraba y hablaba, sin embargo, una vez le dieron un premio por ser el niño que más había sacado libros de la biblioteca. 

Los libros que más atraían su atención eran los grandes libros de viajes. Veía en grandes fotografías lugares donde había humanos, pero todo era distinto, las construcciones eran extrañas, y por lo que decían las letras, parecía que esos lugares estaban en este mismo planeta. Los observaba como algo inalcanzable, pero no podía dejar de verlos y con el tiempo de ir hacia ellos. 

Otros libros que también llamaban su atención era una serie de libros llamados “Crea tu propia aventura, eran libros interactivos, en ellos tomabas decisiones: “si quieres tomar el globo ve a la página 56”, “si quieres seguir caminando ve a la página 90”. 

Estas semillas dispersas conforme fueron creciendo se unieron entre ellas. Conforme pasaron los años, fue expandiendo los límites de su ciudad. Para cuando tenía quince tomó como deporte andar en la calle con sus amigos vagando la noche entera. 

Una decepción amorosa lo llevó a escribir su primer poema y otro gran dolor a reflexionar sobre el poder y la libertad de las letras. Todo era posible en ellas. La hoja en blanco se volvió parte de sus días y llenó decenas de cuadernos con cuanto fue descubriendo. 

Siguió creciendo y expandiéndose y empezó a viajar más y más. Uno de sus más reveladores encuentros sucedió en Zipolite, una playa nudista de Oaxaca.  Ahí, como salido de una nube de marihuana, conoció a un sueco que vivía en la playa y le decía que él era ingeniero, ganaba dinero, pero había elegido mejor vivir en la playa. 

El pequeño adolescente se sintió flechado por el arte, el viaje y la aventura, luego conoció a los Beatnicks y vio que podía viajar de aventón y escribir de ello, y así se consolidó la primera versión del escritor viajero. 

Decidió estudiar teatro porque quería escribir y algo más, pero luego se dio cuenta de que no quería representar al mundo, quería experimentarlo. Después se cambió a letras y pasó lo mismo, se dio cuenta de que no quería solo leer las historias de otros, sino protagonizar y escribir sus propias historias. 

En esos tiempos escribió su primer poema épico, la Epopeya al Héroe sin Razón, la historia de un alma vieja que no entiende la vida moderna y decide dejar todo e irse a buscar al sol para encontrar la redención. 

Después se fue un mes a otra playa hippie, la de Maruata en Michoacán, ahí logró vivir de pescador y compuso otro de sus grandes poemas “La Isla Mental”, en ese lugar, en un conjuro divino, pareciera tener la definición o la premonición de lo que haría el resto de su vida. 

Sus ojos se llenaron de lágrimas hechas letras y empezó a recitar “Contemplo desde un concreto peñasco, el intempestuoso paso marino enfrentándose en eterna lucha con las olas, el ajetreo aún no encablado de esta isla mental es codificado por las lentes ubicadas en mi rostro y transformado consecuentemente en vibraciones, shocks eléctricos en el agua de mi cerebro. Soy aquí el aparato, la emisora, extendiendo por las mentes mi continua pulsión de ondas enredándose en aquello que enreda la marea”.

Ahí el adolescente artista aventurero había encontrado su mundo completo; sin embargo, quería ir más lejos, así que regresó a la ciudad en busca de dinero. 

Primero comenzó como un juego, él sólo quería 8 mil pesos, 400 dólares o euros para tomar un avión a la península de Yucatán y hacer una vida allá. Para hacerlo, pidió trabajo en un dunkin donuts y no se lo dieron. Le contó a su mamá que su padrino y el papá de un amigo lo metieron en el mundo de los seguros.

Para entrar tuvo que cortarse el pelo largo, quitarse la playera y los pantalones de pana, y un hermoso collar de sol multicolor que lo había protegido durante los años que vivió conociendo todo México de aventón. 

Entró al mundo de los comerciantes, de los seguros, a la venta del miedo, encadenó a su mano un portafolio lumínico, se puso un traje y recorrió las calles tocando puertas, dejando cartas que intentaban concientizar a las personas de sus riesgos. 

En una conferencia le dieron cinco minutos para exponer, había escrito su ponencia en verso, iba recitando un poema de venta acerca de la fragilidad de la vida y la necesidad de protección. 

Un dolor creciente empezó a alojarse en su corazón, poco a poco fue metamorfoseando al artista en comerciante, la sensibilidad dejó de tener sentido y la única métrica se volvió el dinero, poco a poco ambos se fueron aniquilando con las sustancias y el alcohol, hasta que a los veinticinco años renació. 

Dejó el negocio de los seguros, dejó el alcohol, dejó su relación trágica con la única misión de volver a crear una vida que tuviera como centro las letras y así inició en el periodismo. Siempre le había atraído la radio, así que a los veinticinco años reinició. 

Al poco tiempo conoció el periodismo de viajes y se sintió emocionado al escuchar que había gente que vivía viajando. Le dijeron que escribiera una anécdota de cómo se veía en veinte años y se vio en un auto rojo averiado cruzando Centroamérica haciendo periodismo de paz y turismo. 

Pronto hizo su programa de radio el Artefacto Mundial, en el que combinaba poemas con música del mundo. Después escribió crónicas de viaje, y poemas más y más largos. 

Siguiendo la teoría del comercio y las ventas, empezó a buscar patrocinadores para su programa de radio. Así entró en el mundo del marketing, ahora iba de empresa en empresa, de agencia en agencia, buscando quien patrocinara su programa de radio por internet en 2006.

Nadie confío en él, nadie decidió arriesgarse con él, entonces buscó por otros medios y empezó a buscar colaborar en las revistas de viajes, recibió trabajo pero no dinero, a la par vio un anuncio de un medio de periodismo de seguros y decidió ir tras él, y ahí consiguió trabajo y dinero. 

De un lugar sacaba dinero para hacer en el otro realidad su sueño, ahí inició el binomio, que él sintetizaba “trabajo en lo que medio me gusta, para hacer lo que me encanta”, pronto el periodismo de viajes lo decepcionó, pues no era en realidad una creación, era un comercial creado por las agencias de publicidad y los destinos, era un comercial sin gran espacio para la creatividad. 

La necesidad de escribir, crear y ganar dinero lo llevó a crear artículos y reportajes de una infinidad de temas, consiguió vender más ideas de las que él podía hacer entonces y así nació el emprendedor. 

Contrató a una persona, luego a otra. Luego se dio cuenta en 2010 de que con los nacientes medios sociales las empresas serían medios de comunicación y ya no necesitarían a los medios tradicionales. 

El periodista de viajes y el emprendedor se encontraron una vez en Playa del Carmen en una convención de buzos. 

El viajero estaba rompiendo una frontera más, yéndose al fondo del mar a explorar una nueva tierra. 

El emprendedor por la tarde recibía llamadas que lo invitaban a hacer páginas web y estrategias de relaciones públicas en redes sociales. 

Ambos caminaban por la quinta avenida de Playa del Carmen, preguntándose cómo podrían mediar entre ambos, cómo podrían realizarse. El Sr. Business dijo que yo pongo el dinero y Mr. Art  la creatividad. 

Mr. Biz consiguió una oficina y se dedicó a presentar propuestas para las ideas que Mr. Art tenía en la cabeza. Su idea era convertir a las empresas en personas y ponerlas a hablar en internet. 

Las empresas lo escuchaban, les hacía sentido, pero no veían la rentabilidad directa del nuevo medio. Estaban acostumbrados a poner un anuncio en televisión y conseguir ventas en un canal de retail, y no entendían nada del internet. 

Poco a poco Dr. Business fue haciéndose cargo de la empresa. Mr. Art dejó de figurar: ya no era requerido, todo se trataba de generar dinero, para lo cual había que vender ideas, conseguir quien las hiciera y presionar a los empleados para que entregaran resultados. 

Mientras tanto, sin darse cuenta, la llama de Mr Art se iba apagando. Ya no era requerido, ya no tenía trabajo; de igual forma, el viaje ya ni siquiera figuraba, siendo que él era el origen y la causa. 

El dinero llama dinero y cuando lo tienes se trata de cuidarlo e invertirlo, el dinero nunca duerme, y lo mismo sucedió con el Dr. Biz que en cinco años ya tenía gastritis, colitis, insomnio y crecientes crisis de nervios. 

Intentando componerse, decidió hacer un viaje lejano al Sudeste asiático. Al pisar Tailandia, se dio cuenta de que el mundo era más grande de lo que él pensaba. Cruzó la barrera oceánica y se certificó como buzo en Kho Tao, cruzó la frontera a Cambodia caminando para Angkor Wat y luego terminó en la Isla de Bali y en las pirámides de Borobudur en Yogyakarta. 

El viaje le trajo algo de beneficio, luego empezó a hacer ejercicio para recobrar el cuerpo, nado en aguas abiertas, primero tres, luego seis, luego once kilómetros. 

Después se fue solo a Japón y ahí vivió la mezcla de tecnología y tradición. En tres semanas fue el epicentro de la tecnología en Tokio, de la naturaleza en el Kumano Kodo, de la tradición en Kioto, del arte en Naoshima y del sintoísmo y el zen en Miyajima. 

Regresó a México y siguió conociéndolo, pero ahora haciendo pruebas de alta resistencia, primero nadando, luego corriendo, luego en triatlones, medios ironman y luego grandes distancias en bicicleta. 

Se le abrió el horizonte más y siguió viajando, primero por Asia, así conoció Corea, Kuala Lumpur, Vietnam y volvió una y otra vez a Japón. 

Luego en Europa se internó en las grandes capitales, Londres, Berlín, Madrid, París, Ámsterdam, en los grandes festivales de música electrónica el Ultra de Miami, el EDC de Vegas y una y otra vez fue al Tomorrowland en Bélgica. 

Dr. Business financiaba a Mr. Art. Uno sufría y el otro también, crecían y crecían económicamente y en distancias, hasta que se fueron a hacer el Camino de Santiago en Compostela en bicicleta.Ahí, Art volvió a esbozar sus primeras letras, empezó como un susurro, unos pequeños versos al final de cada día, pero la peregrinación le abrió a la aventura una nueva dimensión, pues pedaleó 800 kilómetros en 10 días completos. 

Al final del viaje escuchó claro una voz que le dijo “tarde tanto tiempo en encontrarte”, él no entendió hasta mucho después quién era la voz. 

Luego Mr. Biz siguió tratando cada vez peor a él mismo y a todo y a todos a su alrededor, se volvió loco haciendo nuevos emprendimientos digitales en medios de comunicación, las nacientes fintechs y en los E Learnings digitales hasta que creó la END, la Escuela de Negocios Digitales. 

Siguió viajando por América, Europa y Asia, luego llegó a Oceanía, primero a Australia y luego a Nueva Zelanda.

En Australia rentó una hippie van y cruzó el Great Ocean Road, se metió a bucear y avistó una infinidad de animales nuevos en The Great Barrier Reef, después se fue a Nueva Zelanda y se dio cuenta de que había mucho más recorridos como el camino de Santiago, así rentó una bicicleta para hacer el Alps 2 Ocean, desde un glaciar hasta el mar, también por los parques de bicicletas y los géiseres de Rotorua, luego caminó por los fiordos del Kepler Track en medio de la naturaleza, luego fue a Queenstown y regresó con la idea de irse a vivir a la capital de la aventura.

Cerró las oficinas y mandó la empresa a digital, después vino la pandemia y no se pudo ir, se quedó encerrado y para volver a nacer se preparó para hacer un medio ironman y después se fue a recorrer la mejor ruta en bicicleta de México, los mil kilómetros de la Baja California. 

Dr. Biz quiso salvar la situación y se fue a la península de Yucatán con la idea de crear una agencia online de aventura, pero se dio cuenta de que México no estaba preparado para la digitalización. El país y el mundo empezaba a abrazar la transformación digital que él vio en 2015 y por lo que hizo siete años antes un medio de comunicación llamado Transformación Digital y una agencia consultora llamada Digitall Business. 

Intentando salir adelante, Dr Biz y Mr Art hicieron juntos un libro que reunía las mejores rutas que había creado por México después de 30 años de viaje. El libro se llama 15 viajes increíbles por México. 

Después de planear tanto viaje, decidió tomar el auto y recorrer México de punta a punta, así se fue manejando hasta Mazatlán con una bici en la cajuela, cruzó con ella hasta Baja California, le dio la vuelta a Baja California Sur con su amigo Alex Gonzalez, que le había dado la vuelta al mundo y siguió escribiendo y manejando, ahí Mr Art renació de forma completa. 

La vuelta a México a través de sus cambios narra la aventura completa; al final de ella, se dio cuenta de que el viaje apenas comenzaba. 

El mundo se abrió después de la pandemia, lo primero que se le ocurrió hacer fue otro libro que fuera la Vuelta al Mundo en 90 días, así empezó una travesía en las auroras boreales de Tromso en Noruega, siguió yendo de Oslo a Bergen en los fiordos, de ahí se fue a Suiza a aprender a esquiar y a conocer Zurich, Saint Morritz, Zermat, Mont Blanc, a través del Glaciar Express por las cimas de los alpes suizos, después se fue a esquiar y danzar al Tomorrowland Winter en el Alp D Huez y ahí le dio COVID. 

Intentó continuar hasta Italia, pero ahí se dio cuenta de que no podía seguir. Tenía que cambiar por completo su forma de vivir y de viajar. Se puso a investigar y a estudiar y creó un libro llamado Cambio. Ahí hizo un plan para recrear su vida entera. 

Seis meses después desmanteló su casa, la metió en cajas y decidió irse a cruzar las dos islas de Nueva Zelanda en bicicleta. Por un error de vista, ya no pudo volar a esas tierras. 

Decidió entonces realizar otro de sus sueños que era cruzar Europa en dos ruedas, tomó sus alforjas, le quitó los cambios a su bicicleta, y tomó un vuelo a Reino Unido para iniciar su travesía. 

En Sheffield, en compañía de Aaron, un amigo de la infancia volvió a armar su bicicleta, luego se montó en un tren a Londres y se fue pedaleando hasta Harwich en tres lluviosos días llenos de bajadas, subidas y adrenalina. 

Llegó en barco a Hoor Van Holand y siguiendo el Rhin cruzó los países bajos y se internó en Alemania. Hizo Wild Camping al entrar, perdió los frenos en Colonia, hizo su propia ruta hacia el Danubio, los días se convirtieron en semanas, cruzó la selva negra, luego llegó a Viena, después a Bratislava y terminó en Budapest. 

De ahí dejó la bicicleta y decidió irse a caminar completo el camino de Santiago, desde Saint Jean pied de port hasta Finisterra. Caminando por treinta kilómetros al día y platicando con una infinidad de peregrinos, fue conociéndose más a sí mismo y decidió tomar como sede España. Para lograrlo pidió una visa de nómada digital aprovechando que trabajaba en línea. 

Al llegar a Compostela recordó aquella voz que le dijo “cuanto tiempo tarde en encontrarte”, entonces abrió la computadora y se puso a escribir sus coplas. 

Mientras terminaba el proceso de visa, se fue a refugiar en Reino Unido, ahí se le rompió el alma en el West Highland Way y el poeta renació en todo su esplendor. En su nueva página web está la guía de ese viaje, los poemas y los audios.

Luego se fue a Japón por quinta vez, ahora a hacer la peregrinación de Shikoku Henro. Después de 7 días de caminar, su tobillo no lo dejó andar más, triste y conflictuado recordó que él era un ultravelman y así como cuando se convirtió de bike packer a backpacker en Budapest, esta vez lo hizo al revés en Tokushima. 

Rentó una bici, se compró unos bikers y siguió la peregrinación en bicicleta. En el templo 40 se dio cuenta de que no era zen sino un vago, y así terminó dando la vuelta a la isla de Shikoku en bicicleta. 

Regresó a España, ya con el permiso de residencia, se fue a Tenerife a las Canarias a escribir su historia de Ultravelman. 

Después visitó a su familia en Navidad en México y se dio cuenta de que estaba haciendo lo correcto al estar en España. Quiero irse a esquiar a Sierra Nevada, así llegó a Málaga y frente al mar sucedió una revolución. 

Business, Travel y Art decidieron hacer juntos un nuevo emprendimiento, un viaje y un libro. Cada quien tendría lo suyo y así me hicieron renacer a mí, Edgardo Montero, construyendo una nueva agencia consultora de marketing y comunicación especializada en turismo y aventura. 

Art piensa en terminar Ultravelman y empezar a incursionar más en el audio. Ahora su historia comienza en que cayó del cielo en Sierra Nevada, retomó su voz en Granada y empezó su recomposición frente al mar de Málaga. 

Travel junto con Art y Business piensa en hacer la gran aventura de Andalucía llevando a ambos a crear y recrear nuevas artes, negocios y viajes. 

Esta historia nunca terminará, continuará hoy, mañana y muchos días más. 

 

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