La experiencia sublime de alcanzar nuestras metas
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por | 23/01/2023 - 1:07 PM | Cambio de vida

Todo entrenamiento está enfocado para aguantar el último tramo de una carrera. El cuerpo está destrozado porque ya son muchos kilómetros, muchas horas, mucho entrenamiento el que se ha pasado y la meta, aunque está cerca, parece que se aleje; como el espejismo del agua que vemos en la carretera, que, por más que avanzamos, parece seguir alejándose. En esos momentos te acechan todos los pretextos, reclamos y dudas : «para qué hago esto, qué sentido tiene, qué más da si llego o no a la meta»… En los procesos creativos sucede lo mismo: piensas que a nadie le importa lo que haces, que no va a llegar a nadie, que no va a pasar nada, que no eres lo suficiente, etc. La crítica, tanto la propia como la ajena, llena de miedo infundado toda nuestra etapa educativa, desde la escuela infantil hasta el doctorado. Esas voces malditas nos persiguen, la mayoría provenientes de gente frustrada que nunca se ha atrevido a hacer nada y a la que han adoctrinado en el mecanismo de la destrucción: «tienes faltas de ortografía, es muy corto, es muy largo, no está fundamentado, eso ya lo han dicho, no tiene nada nuevo, no es lo suficientemente bueno, corrígelo, corrígelo, corrígelo». Y todo este ataque, que tenemos ya interiorizado, es lo que nos impide terminar los proyectos, pues nos quedamos paralizados intentando levantar nuestra autoestima. Esto es lo que me ha hecho tener guardados cientos de poemas: liberé miles de sentimientos atorados en mi alma, pero no han volado, no han llegado hasta ti; seguramente a alguien le provocarían alguna emoción, y solo por eso ya valen la pena, como cualquier obra creativa, por la conexión que se crea al sentir y transmitir la experiencia. El deseo innato del ser humano es estar unidos, reconocerse en el otro. Ese sentimiento, donde desaparece la conciencia y todo se entrega, es lo que me ha permitido acabar los maratones, las creaciones, los triatlones, los nados en aguas abiertas, las caminatas, los proyectos, los poemas. La realidad desaparece, la mente se aquieta y solo queda la voluntad, una conciencia más alta; los seres celestiales aparecen, nos volvemos divinos, imparables, nacen las alas, la mente se expande, el cuerpo deja de tener peso, nos volvemos livianos y ligeros; la alegría empieza a contagiar cada una de nuestras células, los músculos se renuevan y la energía se recrea. El cansancio y la crítica intentan volver a la carga, y en medio de esa lucha encarnizada se gestan muchas veces los finales de las obras; dos fuerzas se entremezclan: por un lado, la satisfacción de terminar, la visión de la meta, y por otro, el cansancio, el temor, la terrible incógnita de qué pasará después de conseguirla: si perderemos, ganaremos o quedaremos lastimados. Nos enfrentamos a miles de variables encadenadas que no podemos controlar. Lo único que nos queda es el recuerdo, la experiencia de libertad, la realización, el logro de la meta y la emoción. El éxito y el dinero son efímeros. A veces no queda ni siquiera el recuerdo, solo el sentimiento de logro y, aunque no seamos conscientes, la sabiduría que nos ha brindado la experiencia. Ya no somos los mismos que cuando empezamos el entrenamiento, hemos dejado atrás nuestro yo pasado, hemos mutado, nos hemos transformado, hemos avanzado. Ahora somos seres nuevos, y ese es el verdadero éxito: el reconocer que pudimos, que nos pusimos a prueba y lo conseguimos, que logramos conquistarnos a nosotros mismos, a nuestros demonios, a los críticos, a nuestros enemigos. Entonces reconocemos lo que ya intuíamos: que podemos hacer cuanto nos propongamos, solo tenemos que seguir hasta la meta, sin preocuparnos mucho por ella; pues, tras una meta, lo mejor es que siga otra, y así vamos ascendiendo el verdadero podio, la única escalera la de realización nuestra.

 

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