Somos el origen del mundo.
Buscamos el origen y el principio como una exploración retrospectiva de nuestras simpatías, afecciones y derivaciones.
Somos resultado de la infinita causalidad caótica e inconexa a la que llamamos existencia.
No tenemos piedad por nosotros mismos, nos enjuiciamos hasta herirnos, somos el diálogo del verdugo y la víctima.
Somos nuestra peor pesadilla, la que nos causa las más grandes heridas y nos cuesta detener esta presencia maldita.
Arraigados en nuestra fortaleza de resentimientos, nos laceramos y poseídos, desatamos un ataque furioso hacia nosotros.
Solos sin tener mayor presencia recreamos los momentos traumáticos y los revivimos hasta despedazarnos.
Somos implacables en nuestro afán destructivo … Y la solución está en darle la vuelta.
Ir al origen, aceptar su existencia, “él no me quieren, esto se termina, la función se ha terminado”, caminar agradecido y dejarlo en el pasado.
Aprovechar la experiencia y agradecerla, pues ademas de ser lo único que tenemos en la existencia es la fuente de todo lo que somos.
El laboratorio en el que se nos va formando el ser, las creencias, los hábitos y la conciencia, aquello que nos permite crear las letras.
Darle la vuelta a nuestros estados, ser capaces de dominar nuestra emoción y decidir qué sentir en determinado tiempo.
Decidir de que vamos a colmar nuestros ojos y nuestros silencios, saber de qué estamos hechos, llenar de coloridas flores nuestras heridas.
Escribir poesías para levantar el ánimo de nuestros días, modificar nuestro sentir a placer, para encontrar lo que hay en él y en el yo.
Para conocer el infinito campo interior, la senda donde los vértices se cruzan y originan el color: la flor de la pasión.
Retrocedo mis pasos y contemplo apantallado lo que he encontrado, un infinito relicario de lo que fui, soy y seré hilvanado.
No existe la división, somos una unidad con cuanto nos está rodeando, no hay separación, una sola entidad que solo busca la felicidad.
Una semilla mágica que nace del fondo del agua, cruza las nubes y llega al sol del cual la galaxia se originó.
Somos esa refracción armónica que hace la luz en cada una del las lágrimas de los ojos abiertos en fascinación.
Me inclino y agradezco, me inclino ante ti, ante mi, ante el silencio soy simplemente un ser más que no cesa de buscar, de avanzar y de entender, un poco más.
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