DigitArtBusiness 1
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por | 02/08/2024 - 8:49 AM | Sin categoría

El arte nace, crece y se desenvuelve en la posibilidad infinita. 

Los negocios también desean serlo, pero para ello dependen de recursos humanos, físicos, digitales, intelectuales y financieros, todos los cuales son perecederos, pero solo con la visión ilimitada del arte es que llegan a ser grandes, gigantes, trascendentales. 

El emprendedor, líder o director de una empresa, organización o proyecto tiene los ojos puestos en el horizonte y con el timón en las manos navega hacia el oasis que cree será el mejor puerto. 

Todos siempre somos parte, a veces vamos a la cabeza, a veces muy detrás o en medio, jugando diferentes roles y desde ellos debemos armonizar o dirigir. 

El crear negocios es hacer que gire la rueda, que de la vuelta el engranaje, que la máquina acelere, que la magia de la creación de valor suceda. 

El arte y los negocios se mezclan en la abstracción y la creación de una obra para alguien, esta puede ser una comida, un servicio, una novela, una película, un artículo, una poesía. 

Todo lo valioso es artístico porque provoca una reacción en el sentimiento y los sentidos, las cosas no tienen ningún valor definido, nosotros se las damos a través de los atributos que ponemos en ellas. 

El marketing y la comunicación se centran en crear estos conceptos propios o abstraídos y depositarlos en un producto para que sea valioso en el mercado. 

Por ello el lujo está siempre relacionado con el arte, por ello algunas tiendas parecen museos, por ello algunos escaparates lucen como obras de arte, por ello cuando nos sumergimos en estos ambientes y a veces nos tratan como reyes sucumbimos y le damos un valor excesivo a un pedazo de tela, a una pieza de relojería o un medio de transporte. 

El arte es creación y comunicación, los negocios necesitan de él para hacer palpable su valor. 

El internet es un medio de comunicación ilimitado, hasta su llegada pudieron transmitirse flujos de información similares a los que suceden en la realidad, las pulsiones del telégrafo han sido sustituidas por las pulsaciones que sentimos y medimos al estar sumergidos en realidades virtuales interactuando con seres e inteligencias artificiales. 

La tecnología seguirá su avance, texto, audio, video, información, dinero, procesos son y serán replicados cada vez de forma más rápida, fidedigna y eficiente, sin embargo, hará falta el corazón. 

Tal vez la tecnología llegue a meterse incluso en nuestras mentes y crear una simulación de la compleja e infinita mezcla de estímulos que sentimos al ver los colores cambiantes de un atardecer, mientras sentimos el aire circular a través de toda nuestra piel, escuchamos el rumor del mar, sentimos el agua en nuestros pies y nos llenamos la vista, los pulmones y los labios de agua, sal e inmensidad, pero sabremos que no será real, pues segundos después apagaremos nuestros dispositivos y veremos que tal vez estamos encerrados en un cuarto gris desde hace años. 

El mundo digital es una representación, es un medio, no es una realidad, puede ser inteligente, pero no real, será siempre artificial. 

La realidad, lo que sea que se comprenda por ella, es personal, depende de una infinita red de estímulos, relaciones y concepciones que el arte a lo largo de los siglos ha logrado influir y dominar. 

En el arte, en la imaginación, en la creatividad, en la curiosidad siempre ha estado la respuesta, el arte es un diamante en el que la luz se refleja de forma pura y se vuelve más nítida, en él está la pregunta y la respuesta. 

Debemos de regresarle al arte, el sitio que ocupa en nuestras vidas, volverlo a reconocer y ver, saber, entender que está implícito en cuanto nos rodea, en el diseño de nuestra mesa, en la pantalla, en la ropa, en los edificios, en las miradas. 

La comunicación más perfecta del valor se logra a través del arte. 

 

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