En los inicios de la era industrial el objetivo era hacer las cosas lo más rápido posible y con el mínimo coste. Seguramente en tu industria existen grandes nombres, grandes empresas que llevan produciendo de forma masiva, con grandes capitales y con una buena relación calidad-precio.
Pero siempre hay otro segmento en crecimiento de empresas pequeñas que cubren una parte del mercado, una parte muy pequeña cuando se les compara con las megaempresas pero igual de necesaria. Pongamos el ejemplo clásico de un restaurante de hamburguesas pequeño con una o tres sucursales que compite con las grandes marcas de hamburguesas. Podrías pensar que no hay lugar para un solo restaurante más de hamburguesas, pero seguro que conoces uno o varios que han tenido éxito. En la mayoría de los negocios el éxito en un principio está en el emprendedor que los crea, en su visión, en su entrega y pasión, en el diseño de su oferta y en la adaptación a su público meta. La forma artesanal de construir un negocio es la más usada. Siguiendo el ejemplo del restaurante de hamburguesas, el emprendedor día a día va eligiendo cada elemento de la decoración de su local, así como creando o adaptando la cocina, elaborando recetas y mejorándolas según la sonrisa de la gente que las prueba.
Muchos estudios aseguran que siempre hay lugar para un emprendedor apasionado que se preocupa por su producto o su mercado, y así lo atestiguan miles de casos de éxito en todo el mundo. En esta era de personalización volvemos a apreciar lo particular. Recuerda que somos personas y nos encanta ser tratadas como tales, tus clientes desean ser tratados de forma especial, ser llamados por su nombre, ser reconocidos por su asistencia, su preferencia, su fidelidad y recomendaciones. Siempre ha habido y habrá mercados pequeños y muchos creemos que en un futuro todavía habrá más. Tal vez como cliente lo empiezas a experimentar en algunas algunos productos o servicios; en el restaurante favorito de tu pueblo o ciudad, determinada marca de ropa o accesorios, la decoración, la educación o el conocimiento personalizado.
Ante los inminentes cambios digitales valoraremos cada vez más lo humano, los contactos, así como lo único, lo diverso y lo inigualable, pues cada vez será más raro encontrarlo. Esto nos abre grandes oportunidades, principalmente para los freelancers, soloprenurs y emprendedores. Hay mercado para cualquier producto o servicio, siempre y cuando solucionemos de forma satisfactoria los retos, deseos o problemas de las personas.
Existen varias metodologías para crear tu oferta de valor. La más sencilla que he encontrado y que aplica para la mayoría de los negocios divide en tres los valores de una oferta: el primero es el más básico, el valor económico —siempre hay un mercado de cosas baratas—; el segundo es el valor práctico, que se refiere a la utilidad de las cosas, a los problemas que solucionan; y el tercer valor es el emocional, en el cual se inscriben todos los valores subjetivos, como el estatus, el diseño, la originalidad o los sentimientos que provoca el producto o servicio por sí mismo.
En el caso de la comida podemos poner como ejemplo de oferta económica el supermercado, de comida práctica un restaurante de comida rápida y de emocional un restaurante exclusivo. En el turismo la oferta centrada en el precio serían los hostales, en lo práctico los moteles, donde puedes entrar con todo, y en lo emocional los hoteles de cinco estrellas. En los automóviles los baratos son los automóviles de baja gama usados, los prácticos los utilitarios, como las camionetas de carga, y los emocionales los coches de lujo. Pero no todo es blanco o negro, cada uno tiene un poco de los otros elementos; algunas opciones de comida rápida son prácticas y no tan baratas, o hay hoteles de gama media que son prácticos y a la vez tienen un sabor especial exclusivo y tienen un precio medio.
Recuerda que lo más importante es crear un buen producto adecuado para un público meta específico e intentar mejorarlo día a día lo máximo posible. En cuanto empieces a tener resultados intenta reproducir el éxito cuantas veces puedas y no dejes de pensar en cómo mejorarlo, sin perder de vista que los tres elementos clave son el producto, el cliente y la oferta de valor. Esto debe de estar siempre en tu pensamiento y en tu agenda. Esto es lo que hace que los emprendedores y las empresas crezcan a pesar de los cambios que las amedrentan.
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