Cómo conseguir y afianzar amistades
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por | 03/10/2022 - 10:06 PM | Amor y relaciones, Cambio de vida

Siempre que me preguntan cuáles han sido los momentos más felices de mi vida me veo en compañía de alguien, principalmente de un amigo o de una pareja (que, en lo más profundo, también es un amigo). Vienen a mi mente decenas de instantáneas de viajes, conversaciones, cafés, risas, eventos, abrazos, lágrimas, besos, confesiones, atardeceres, amaneceres, fiestas…; por ello, empiezo este análisis de tu área de amor con la amistad.

Tan solo el recordar a nuestros amigos nos hace felices; asociamos a cada nombre un mar de emociones. En algunas épocas nos concentramos en una relación o en un tipo de relaciones y perdemos de vista a muchas personas que son parte de nuestra vida. Esto sucede sobre todo en aquellas épocas que vivimos en pareja, pues cuando conectamos profundamente con otra persona no somos dos sino uno solo, una entidad distinta que nace de la comunión. Eso es precisamente lo que amamos de la amistad: el ser algo más que una unidad.

Vamos ahora a hacer un recuento de tus relaciones. Empecemos por la infancia, cuando conocimos a nuestros compañeros de la escuela primaria o a nuestros vecinos, nuestros primeros círculos más allá de la familia. Seguramente recuerdes a alguien de esa época, cuando apenas empieza la conciencia. Recuerdo que yo era feliz con mi círculo estable de amistades. La primera amiga que me viene a la cabeza se llamaba Adriana Escobedo; también recuerdo a la maestra y a mi vecino Constantino, cuya madre acabó siendo mi madrina, y a mi vecino de enfrente, Andrés, con el que hacía cuantas travesuras se me ocurrían. ¿Recuerdas a alguien de esa época? En cuanto venga a tu cabeza un nombre, apúntalo; luego Facebook hará magia y lo encontrará.

En primaria todo cambió. Entré a una escuela marista donde se valoraba el estar callado, hacer caso y memorizar datos, actitudes a las cuales ya me negaba por rebelde (siempre me ha fastidiado que me digan lo que tengo que hacer). Esa rebeldía me hizo juntarme con niños parecidos a mí, atrevidos, parlanchines y creativos; con ellos expresaba esas cualidades en nuestras travesuras, juegos y conversaciones. Recuerdo el nombre de dos de estos niños traviesos, Jorge Renero y Aldo Garibaldi. Muchas veces nos sacaban de clase y nosotros nos escapábamos corriendo por los patios o nos escondíamos en algún recoveco de la escuela. Muy pocas veces nos encontraban. Sin embargo, los amigos de los que guardo más recuerdos son aquellos con los que compartía el recreo y la comida: Benjamín Rivera, risueño, sociable y de buen ánimo, y Alejandro Rangel, que ahora es psicólogo. Creo que lo que nos unió fue el no entender bien a quienes nos rodeaban. Ellos fueron mis compañeros de primaria; ¿recuerdas a los tuyos? También me vienen a la mente otros rebeldes, como mi querido Humberto Arévalo, con quien intercambiaba casetes de Atari, groserías y planes de travesuras. Y mis primos Carlos y Javier, que eran como mis hermanos y, además, vecinos. Tan solo con este pequeño mundo podría montar una fiesta. Cuando la soledad me aqueja, a veces recuerdo a cualquiera de ellos y me viene una sonrisa a los labios. En esa época es cuando la amistad se encuentra en su etapa más pura y sincera, pues no buscamos nada más que compañía, juego, diversión y comprensión. Estaría muy bien juntar a todas esas personas que formaron parte de tu vida de los seis a los doce años y poder recordar juntos cómo eran y ver lo que han cambiado. Si hicieras una fiesta de tus amigos de primaria ¿a quién invitarías?

Recuerdo que el último día de primaria, empezando mi pubertad, le contaba a Alejandro Rangel que no pasaría a secundaria por mi conducta: justo el día anterior había destruido una lampara de un salón lanzando un cuaderno sobre ella, mis calificaciones eran malas y tenía muchos reportes negativos por mi conducta. Creo que aquella vez fui por primera vez consciente de lo difícil que sería encajar en el mundo tal como era. Mi única cualidad reconocida, a pesar de mi mala conducta, era la de ser un ávido lector; la bibliotecaria un día se dio cuenta de que era el alumno que más leía en toda la escuela y me dieron la única medalla que tuve en mi educación primaria. En esta época también aprendí que a través de las letras puedes entablar conversaciones con gente de otros tiempos; hoy gracias a los audiolibros casi podría considerar como amigos a mentes magníficas que me susurran sus ideas al oído a través de mis audífonos. También en los libros hay grandes mentores y amigos.

Los tiempos de extravío de la secundaria me llevaron por infinidad de grupos diferentes, sin encajar en ninguno. Primero tuve mis amigos «fresas» Cortina y Tena, con quienes aspiraba a ser grande y conocer mujeres de escuelas reconocidas. Otro amigo de esa época fue Juan Carlos Levet, el tipo más rebelde que he conocido, que murió a los diecinueve años por pura rebeldía. Él me impulsó a escribir y a ser diferente, a que me atreviese a hacer lo que nadie hacía; era mi ídolo; un atrevido, un artista, un rebelde buscando causa. También en esta etapa conocí a mis amigos expertos en vagancia callejera, el Said y el Hesse, cuyo deporte, afición y mayor cualidad consistía en aplanar banquetas la tarde entera.

Estas amistades de la adolescencia configuraron mis primeras ideas: Levet me enseñó a desafiar y a cuestionar; Hesse a vagar sin preocuparse de nada más que del presente, y a encontrar el arte en la calle; y con Said compartía el gusto por la escritura, la vagancia, la poesía, la música y la aventura.

Creo que sería buen momento para que hicieras una pausa y apuntaras los amigos que te acompañaron en el trágico tránsito de niño a adolescente, cuando todo duele. Ahora te toca a ti pensar ¿Quiénes fueron tus amigos en secundaria y en el bachillerato o preparatoria?

Llegué a la universidad lleno de sueños, deseoso de hacerlos realidad. Entré a la universidad más grande de México, la UNAM, y allí, mientras cursaba mis estudios de Teatro, empecé a conocer un mundo mucho más grande. Conocí a mis primeras amigas artistas; de ellas a quien más recuerdo es a Cecilia. También conocí a mis primeros grandes maestros, como el dramaturgo Luis Pablo, mi maestro de Teatro Romano, quien me enseñó que los personajes se mueven por determinados valores, y que, al igual que en el teatro, nuestros actos y diálogos son representaciones de estos valores; a Maira Mitre, quien me enseñó a modular mi voz y me impulsó a crear una radionovela; o al maestro Rosas, quien me enseñó a analizar una novela en base a sus símbolos. Seguramente tú también recuerdes algunos maestros que formaron parte de tu vida. Con ellos se comparte otro tipo de amistad, quizás más seria y enfocada, pero que puede llegar a ser igual de profunda.

Pronto cambié la carrera de Teatro por la de Letras, y un nuevo mundo de personas se abrió para mí: los escritores. Me di cuenta de que el mundo tiene muchas oportunidades, pues en cuanto me cambié de carrera cambiaron mis relaciones. Desde entonces, si quiero socializarme, hago algún curso o me apunto a alguna escuela, pues en estos lugares es imposible no conocer gente. Así de sencillo puede ser conocer gente y cambiar de relaciones. Yo lo he hecho en la universidad, luego en el mundo de los seguros, después en el periodismo, la mercadotecnia, el emprendimiento, la alta dirección de empresas, el budismo y el coaching. En cada uno de estos ámbitos no solo he encontrado amistad en mis compañeros, sino también en mis maestros. Varias de las relaciones más valiosas de mi vida han sido con maestros o mentores, como el padrino Ernesto; mi amiga, hermana y maestra Rosario Avilés; el sabio y profundo Dr. Armenta, experto en filosofía, burnout, workaholiquismo y acidia ; la inteligente estratega Dra. Martha Rivera o el metacoach Iván. En ellos he encontrado una amistad profunda que me ayuda a cambiar. Merece la pena que en este momento hagas un recuento de tus principales amigos mentores, tanto pasados como presentes.

Otro ámbito de relaciones es el trabajo. Cuando empecé a trabajar a los quince años vendiendo software tuve mi primer grupo de amigos geeks y mi jefa Oliva, luego en los seguros a mi promotor y mentor don Jesús Matadamas y a Zaldívar, así como a muchos otros clientes que acabaron siendo mis amigos, como Heriberto, o el Dr. Cueva. De mi época de periodista recuerdo a mis amigos de la escuela Arely, Elda, Adriana y Pablo, y a mis amigos fotógrafos Juan Carlos Angulo y Carlos Figueroa. Gracias a la agencia de marketing he conocido a cientos de empresarios y emprendedores de todas las industrias y niveles. Siempre se nos presentan nuevas oportunidades para entablar nuevas amistades; y el secreto para conservarlas está, principalmente, en el impacto y la frecuencia: las amistades más significativas suelen darse con aquellas personas que nos han ayudado y aquellos con quienes tenemos más contacto o con quienes hemos tenido experiencias significativas.

También nuestros vicios, sufrimientos y aficiones nos llevan con otros grupos de personas. Tengo una triste comunidad de amigos que no dejaron la droga; algunos muertos, otros locos, otros que dependen de sus padres. Pero también tengo a mis amigos «libertados» de la droga con los que comparto el dolor pasado. Y, recientemente, los deportistas: mi grupo de ciclistas, el de triatletas y el de nadadores de aguas abiertas; en cada uno de ellos hay un trato sincero y semillas de amistad que esperan ser descubiertas. Y tú, ¿a qué grupos has pertenecido por tus vicios o aficiones?

La amistad se basa en el intercambio de experiencias, en compartir, en dar y recibir, y la única forma de hacer esto es estando con esas personas. Seguramente al leer todo esto habrás recordado a más de una decena de personas con las que encontraste afinidad en alguna época de tu vida. Lo único que tienes que hacer para reactivar estas amistades es empezar a compartir, ya sea mediante un mensaje, una llamada, un café, una comida, una fiesta de reencuentro o, aún mejor, una serie de fiestas en las que juntes a todos los amigos de una época en concreto.

Y si quieres conocer amistades nuevas, la receta es la misma que has aplicado inconscientemente a lo largo de la vida: inscríbete a un curso en alguna escuela, métete a un equipo de algo que te guste, practica un nuevo hobby o, simplemente, habla con tus vecinos. Para mí la forma más fácil de hacer amigos siempre es la escuela, pues al compartir un mismo espacio con un grupo es casi imposible no entablar conversación con alguien, y si no lo hacemos nosotros seguro que alguien lo hará.

En cuanto a las redes sociales, si bien pueden ser buenas fuentes para buscar personas y conectar a unas con otras, no creo que por sí mismas generen amistad, pues creo que las relaciones sociales requieren proximidad —por otro lado, tengo muchos amigos que han conocido a grandes amigos o parejas gracias a Facebook, Instagram y Twitter—.

Si quieres afianzar tu círculo de amistades te animo a que enumeres a todas aquellas personas con las que tienes o tuviste algo en común y vuelvas a compartir con ellas lo que os unía: llámales, hazles una visita, invítales a un café, ve a comer con ellos… y, si quieres conocer gente nueva, inscríbete a un curso, practica tu afición en compañía, apúntate a un equipo deportivo… y fluye con ellos.

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