Andalucía. Clavado en la Alhambra
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por | 17/03/2024 - 3:43 AM | Sin categoría

Estoy perdido en los laberínticos jardines de cipreses de la Alcazaba. El paseo jeroglífico labrado en el piso hace un homenaje a sí mismo. Las estrellas se confunden con pájaros, granadas y estrellas engarzadas.

Me pierdo en el eco narcisista de este palacio, las grandes obras, los grandes cantos, siempre hacen referencia a lo ya creado, la poética se compone a sí sola, universo.

Mi ser inquieto se detiene ante este impacto estético. Me monto en el corcel de la inspiración sin dirección. No importa a dónde voy, sé que será mejor que el lugar en el que estoy, a eso vine aquí a experimentar, a sentir, a perderme en los ventrículos de la emoción, en la intensidad:  Soy. 

Veo las estrellas están en el suelo, hago malabares en el cosmos que se está expandiendo. Estoy fuera y dentro, mi corazón late, cruzo el dintel al templo, e intento quedarme en él como la flor de granada y después la flor se abre ante tus ojos y una vez más el infinito contenido demuestra su nacer continuo, el equilibrio viene y va, respira profundamente y regresa a reposar. 

Todas las puertas están abiertas y simplemente celebran el atrevimiento, la realidad es un museo para quien está atento. 

El universo es circular, fin y origen convergen en el mismo vértice, así es y será siempre, lo único que queda es encontrarse. La exploración es eterna, en círculos concéntricos hacia el sepulcro caminamos lentos, cerca de Alá, de la última cena. La estrella de David gira sobre el árbol donde Buda medita, y de donde su mirada fija nace el narciso que intenta comprenderse. Somos pinturas de un museo observándose, la puerta, el vehículo y la llave es la oración y en ella los átomos se expanden formando más constelaciones fugaces.

Andalucía. Clavado en la Alhambra

Mi esencia es el camino y por el sigo, siempre a la mitad entre el que fui y el que seré, y desde ahí empiezo a recitar desde la Alhambra esta poesía a Andalucía.

Estoy perdido en los laberínticos jardines de cipreses de la Alcazaba. El paseo jeroglífico labrado en el piso hace un homenaje a sí mismo. Las estrellas se confunden con pájaros, granadas y estrellas engarzadas.

Me pierdo en el eco narcisista de este palacio, las grandes obras, los grandes cantos, siempre hacen referencia a lo ya creado, la poética se compone a sí sola, universo.

Mi ser inquieto se detiene ante este impacto estético. Me monto en el corcel de la inspiración sin dirección. No importa a dónde voy, sé que será mejor que el lugar en el que estoy, a eso vine aquí a experimentar, a sentir, a perderme en los ventrículos de la emoción, en la intensidad, soy. 

Me escucho en el murmullo compuesto por la brisa, el agua y los destellos de las flores coloridas y aromáticas, en los dinteles arabescos dejo de entender y simplemente contemplar la magia del ser.

Una leyenda a la entrada me dice que debo “entrar en cordura, expresar saber y salir en paz”, tal como lo hace el sol con su luz al despertar, tu historia es tu más preciosa joya.

Salgo de un recinto conmovido, armonizado y tranquilo. El agua me lleva a través de las rocas engarzadas en figuras sinfónicas.

La dirección final está en la purificación, en el ir subiendo mientras descendemos hacia lo profundo del silencio, en el sonido hueco del agua me pierdo, dejo el ser y sin forma, sin objetivo claro pero con dirección hacia lo más alto: el interior.

Veo las estrellas están en el suelo, hago malabares en el cosmos que se está expandiendo. Estoy fuera y dentro, mi corazón late, cruzo el dintel y en este templo, e intento quedarme en él como la flor de granada y después la flor se abre ante tus ojos y una vez más el infinito contenido demuestra su nacer continuo, el equilibrio viene y va, respira profundamente y regresa a reposar. 

Todos son dinteles, son separaciones inexistentes, las puertas están abiertas y simplemente celebran el atrevimiento, la realidad es un museo para quien está atento. 

El universo es circular, fin y origen convergen en el mismo vértice, así es y será siempre, lo único que queda es encontrarse. La exploración es eterna, en círculos concéntricos hacia el sepulcro caminamos lentos, cerca de Alá, de la última cena. La estrella de David gira sobre el árbol donde Buda medita y de donde su mirada fija nace el narciso que intenta comprenderse. Somos pinturas de un museo observándose, la puerta, el vehículo y la llave es la oración y en ella los átomos se expanden formando más constelaciones fugaces.

Tomo perspectiva a la distancia. Siempre regreso a mi cuerpo como si cayera de un largo sueño. Sé que no despierto. Tengo intención de entrar más profundo en este diálogo profundo y mutuo. Siento que debo construir una muralla para cuidar mi sensibilidad, y a la vez que lo único que le hace fuerte es ser transparente.

La única historia posible es la de la conquista individual, la historia de transmigración de los karmas.

La iluminación es comprensión de la oscuridad, hoy la llama de la Alhambra alumbra mis andanzas, ayer lo fue sierra nevada, ahora se que del cielo descendí por la cima de la Veleta a Andalucía, la tierra por Lorca y Picasso prometida. 

Me acerco al Mediterráneo con el cielo en los ojos claros.

 

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