Cuando emprendí mi primer negocio y empecé a manejar dinero sin que nadie me diera consejos sobre cómo hacerlo, me di cuenta de que no sabía mucho o casi nada sobre administracion y finanzas, tal vez a ti te pasa lo mismo.
En mi segundo año de emprendimiento, un día de finales de diciembre mi secretaria y contable me dijo que habíamos facturado millones de pesos ese año, yo me sentí feliz, como si fuera millonario; pero cuando, segundos después, le pregunté cuánto dinero había ganado, ella me contestó: «Pues, después de pagar las pagas extras, nada». La respuesta me dejó enojado. La situación todavía fue peor pues, segundos después, remató: «Y tenemos un problema»; ya acostumbrado a ellos, le contesté: «¿Ahora cuál?»; «Que debemos cientos de miles de pesos de impuestos».
En ese momento me sentí totalmente miserable. Llevaba dos años luchando por levantar una empresa y al final perdía dinero. Llegué a mi casa, tomé una alcancía en la que había metido dinero todo el año, la lancé contra la pared y, con lo que salió, tomé el coche y me fui con mi pareja a pasar el Año Nuevo acostado en una hamaca, contando cada peso que gastaba y haciendo lo imposible para que me alcanzara para una semana. No sabía qué estaba haciendo mal en mi negocio. Lo único que sabía de administración era que el objetivo era vender más, y era exitoso en ello, pero por lo visto gastaba demasiado. Al siguiente año decidí estudiar administración de empresas, y gracias a ello entendí cómo hacer un control de gastos y un presupuesto. En ese momento me di cuenta de que todos debimos de haber aprendido esto en el colegio; sin embargo, si no hubiera creado la empresa nunca habría aprendido estas herramientas esenciales de la administración financiera. Ambas están formadas por dos conceptos que son «Gastos» o «Egresos» es decir todo los que gastamos o planeamos gastar y otra de «Ingresos», que incluye todo lo que ganamos o planeamos ganar. El secreto para el control de gastos es empezar definiendo los ingresos y luego ajustar los gastos.
Si tus ingresos suelen ser fijos, ya tienes una idea bastante aproximada de la cantidad que vas a ganar al mes o al año; si son variables, puedes tomar de referencia tus ingresos del año pasado y aumentar o descontar un porcentaje dependiendo de tus previsiones.
En cuanto a los gastos, los básicos son comida, vivienda, gasolina, ocio de los fines de semana, escuela, deudas, seguros, etc., así como ahorros a corto plazo para vacaciones, a medio plazo para ciertos proyectos como coches o vivienda, y a largo plazo para la jubilación.
La regla básica que te recomiendo te aprendas de memoria es:
«No gastar más de lo que ganas, ahorrar, invertir y diversificar».
«No gastar más de lo que ganas, ahorrar, invertir y diversificar».
«No gastar más de lo que ganas, ahorrar, invertir y diversificar».
«No gastar más de lo que ganas, ahorrar, invertir y diversificar».
Esta es la base de la administración patrimonial. Pero estamos inmersos en un mundo donde todo nuestro alrededor nos dice: «compra, gasta, eres lo que tienes, ir de compras es lo mejor que puedes hacer el fin de semana». A cada momento somos presas de un sinfín de ofertas publicitarias que nos presentan los objetos como fuentes de felicidad. Debemos tener mucho cuidado, pues es probable que en algún momento flaqueemos y queramos consumir, y siempre encontraremos una oferta disponible. Para no caer presas del consumismo lo ideal es que trabajemos en nuestra salud mental y emocional; de lo contrario podemos caer en la tentación de pensar que nuestra salud física, mental o emocional puede mejorar si compramos algo. Muchas veces, después de comprar algo nos viene un sentimiento de culpa, un vacío casi existencial, y en lugar de disfrutar, lo sufrimos. A la larga, si gastamos más de lo que ganamos seguramente solo conseguiremos angustia, problemas y deudas.
La salud financiera o patrimonial es igual de relevante para nuestro bienestar que todas las demás, pues el dinero se transforma en vivienda, comida, medicinas, etc., en definitiva, en energía que necesitamos para el día a día. Al igual que sucede con la salud física, si descuidamos nuestra economía podemos enfermar; si no tenemos dinero para cubrir nuestras necesidades básicas o tenemos muchas deudas todo se tambalea, y seguramente nuestra salud física, mental, emocional e incluso espiritual se vean afectadas, ni que decir de nuestras relaciones, trabajo y tiempo de ocio.
Recuerdo otra vez que me quedé sin dinero justo al inicio de unas vacaciones laborales: después de pagar las nóminas empecé a sentirme mal y acudí al hospital confiando en que mi seguro lo cubriría. Después de unas horas me dijeron que tenía una apendicitis y que me tenían que operar de inmediato porque mi apéndice podría reventar, causar una infección y poner en riesgo mi vida. Me sometí a la operación y cuando me desperté de la anestesia me dijeron que no había pagado el seguro y que tenía que pagar cientos de miles de pesos. Yo tenía solo cinco mil pesos. Con el catéter en la mano tuve que hablar por teléfono con muchos amigos y conocidos para recolectar el dinero. Me sentí tan terriblemente mal que me prometí que aquello no me volvería a pasar. Y, gracias a Dios y a esta experiencia, mis seguros siempre están en regla y tengo un fondo de ahorro para emergencias o para vivir algunos años si me sucede alguna tragedia. La seguridad financiera es parte integral de una vida saludable, y la clave no está en ser millonario, sino en gastar de forma ordenada menos de lo que se gana, ahorrar y diversificar.
Otro de los grandes malestares en esta área que está muy generalizado y que he sufrido yo mismo es el no sentirnos nunca satisfechos con lo que tenemos: siempre estamos intentando crecer económicamente a costa de descuidar otros aspectos y/o comprar más y más reaccionando a ese bombardeo constante de publicidad. El remedio ideal para este malestar es elaborar un presupuesto: si conocemos con exactitud nuestro presupuesto mensual, o incluso anual, sabremos el dinero que podemos gastar en cosas prescindibles y nos sentiremos seguros y satisfechos. Reconocer y aceptar lo que tenemos es uno de los principales caminos hacia la felicidad y la tranquilidad.
Si no tenemos una estabilidad financiera, es decir, si tenemos más gastos o deudas que ingresos, nuestra prioridad es hacer todo lo posible por corregir el problema haciendo un plan de pagos para las deudas. La educación financiera es una necesidad básica por la que debemos interesarnos de forma constante, pues el entorno económico es cambiante. En mi opinión el hecho de que no se nos eduque en este tema es algo deliberado, pues una buena educación financiera es el freno de mano del consumismo descontrolado.
Este tema, como casi todos los que estoy tratando, bien da para otro libro completo. Hay numerosos libros en el mercado especializados en enseñar a gestionar la economía personal, familiar o empresarial, así como cursos, vídeos, plantillas y otros muchos recursos. Lo primero es que seas consciente de la importancia de tomar las riendas de tu salud financiera, y luego que definas tu presupuesto en base a lo que quieres. Te recomiendo no procrastinar y hacer uno en este mismo momento, y luego otro cuando revises todas las áreas de tu vida; pues todas tus áreas «STAR» —Salud, Trabajo, Amor y Recreación— tienen un impacto financiero o económico, es decir, deben de estar representadas en tu presupuesto. Lo ideal es ir actualizando el presupuesto de forma periódica, preferentemente todos los meses, así como en los momentos que supongan un cambio, como el nacimiento de grandes proyectos (como un emprendimiento), ciertos eventos (como por ejemplo una boda), o cuando cambien nuestras circunstancias, por ejemplo a raíz de una enfermedad o de una nueva etapa vital.
El ser consciente de tus finanzas te dará una gran tranquilidad. Si sigues el presupuesto y todo va bien, cada mes ahorrarás dinero y podrás seguir invirtiendo y seguir ahorrando; el invertir, ganar, ahorrar y reinvertir es un círculo virtuoso al que siempre debes de aspirar. Si en este momento estás lleno de deudas, haz un plan y ajústate a él; y, mientras mejora la situación, recuerda que el dinero no da la felicidad y que se puede hacer casi cualquier cosa aunque se tenga poco dinero, desde disfrutar de una comida en tu casa, hasta dar un paseo por tu ciudad e incluso unas vacaciones a un lugar cercano. El tener una visión clara de tu vida en todos los ámbitos te ayudará a ver que el dinero no lo es todo, que hay mucho más.
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