Una vez, un maestro budista me dijo: «La práctica budista se puede resumir en tres frases:
«Cultiva un tesoro de virtudes.
No hagas daño.
Domina tu mente.
Y si no puedes hacer las dos primeras, concéntrate en dominar tu mente; lo demás sucederá por sí solo».
Años después comprobé lo cierta que es esta máxima durante un retiro. En cierto momento me acordé de alguien y critiqué algo de él; y en ese instante sentí que esa hostilidad de mi pensamiento volvía hacia mí en forma de dolor, pues, en el fondo, lo que sentimos por los demás es lo que sentimos por nosotros mismos. Casi me pongo a llorar al darme cuenta de lo criticón que era. Había criticado miles de veces y solo me di cuenta del dolor que me causaba a mí mismo al estar entrenando mi mente con la atención plena. De igual forma, al final de ese retiro no pude hacer otra cosa más que ir a donar dinero a un comedor, pues sentí la tristeza de que alguien no tuviera qué comer. Este cambio de perspectiva fue posible gracias a practicar una semana entera la atención plena.
El no controlar nuestra mente es una fuente continua de angustia, depresión y tristeza. El no tener control de nuestra mente hace que no seamos dueños de nosotros mismos. Si nuestra atención la controla el WhatsApp, Facebook, Twitter, Instagram o cualquier red social seguro que, en mayor o menor medida, estamos dominados por la publicidad y la opinión de los demás. El objetivo de las redes sociales es que pases más tiempo conectado a ellas para que recibas más publicidad; así está programado; solo les interesa conectarte con tus amigos en la medida en la que pueden hacerte llegar sus anuncios publicitarios. Mantener el control de nuestra atención es un gran reto. Dicen que el promedio de nuestra capacidad de atención es de no más de diez segundos; si esto es verdad, somos presa total de los estímulos que nos rodean, es decir, estamos dominados por los mensajes comerciales entregados a través de las nuevas tecnologías.
Además de nuestra capacidad de atención, también están en retroceso nuestras habilidades creativas e intelectuales. Con la lectura o el audio somos nosotros quienes debemos representar mentalmente la información que nos llega, por lo que se estimula nuestra imaginación; sin embargo, lo que más consumimos actualmente son contenidos audiovisuales, con lo que nuestra actividad mental se ve significativamente reducida. Con el desarrollo de la realidad virtual esto aumentará hasta un punto de no retorno, pues en los metaversos, entornos virtuales completos en los que se verán implicados todos nuestros sentidos, será extremadamente difícil ser dueños de nuestro pensamiento. En varias ocasiones he entrado a mundos totalmente virtuales, primero en Japón, después en Corea y la última vez en las Vegas. Lo más aterrador es que el mundo virtual parece cada vez más real y eso potencia el deseo de permanecer más tiempo en ellos, pues es como estar existiendo, pero sin los límites que nos impone la realidad. Si actualmente vivimos como atados a una montaña rusa que nos dirige mental y emocionalmente, imagina lo que pasará con la realidad virtual: seremos solo un avatar cuya mente estará dominada por una película en la que estaremos inmersos todo el tiempo.
Para compensar esta tendencia al debilitamiento de nuestra capacidad reflexiva, creativa y de autocontrol, te animo que controles tu pensamiento para potenciar tu salud mental.
Atención unipuntual sostenida
La mejor forma de controlar tu mente es mediante la atención unipuntual sostenida en cualquiera de sus formas, ya sea la meditación, la oración, los cantos, los mantras, el trabajo físico o el trabajo intelectual. Cada vez que logramos concentrarnos en algo estamos siendo dueños de nuestra mente. La madre de todas estas prácticas es la meditación zen, que los tibetanos conocen como samatha, la cual consiste en concentrarse únicamente en la respiración y, cuando venga un pensamiento, dejarlo ir. Si quieres saber más de este tipo de meditación te comparto este link de la escuela tibetana Rigpa, donde aprendí a hacerlo: https://www.rigpa.org/what-meditation-really-is
Si dominamos nuestra mente podemos elegir en qué pensar, qué desear y qué hacer; en definitiva, elegir cómo estar. Otro maestro me dijo que la mayoría de la gente que se siente deprimida solo está distraída, porque si fuera dueña de su mente se daría cuenta de que tiene un sinfín de bendiciones y posibilidades, a las cuales no puede acceder por no estar concentrado. Ser saludable mentalmente consistiría en poder ser dueños de nuestra atención en mayor o menor medida, aunque lograrlo es un proceso de toda la vida. La práctica de la concentración nos permite también desarrollar actividades mentales que enriquecen nuestra atención, como leer, tocar un instrumento, cantar, estudiar, hacer meditaciones guiadas…; cualquier práctica que implique la atención unipuntual sostenida nos hace un poco más dueños de nuestra mente.
Si gobernamos nuestra mente también podremos controlar nuestras emociones, y todo ello nos conducirá a aquello que conocemos como felicidad.
En muchas actividades, como en la meditación y la oración, los resultados están implícitos en la propia práctica. Seguramente haya días que sientas que no puedes controlar tu mente lo más mínimo; otras sentirás que estás muy concentrado. Lo importante no es conseguir un objetivo inmediato, sino practicar, pues el mero hecho de realizar la actividad ya tiene múltiples beneficios. Recuerda que todo es para volverte dueño de tu atención y fomentar tu salud mental. La atención unipuntual sostenida en todas sus formas tiene en su misma práctica su gratificación; seguramente tanto mientras la practicas como al finalizar te sentirás mejor que antes de empezarla. De igual forma, la práctica de algún deporte aumentará tu salud física, mientras que la práctica de alguna actividad creativa expandirá tu sensibilidad.
Además de la atención unipuntual sostenida, otra práctica realmente beneficiosa para ejercitar la mente es el estudio, ya sea leyendo un libro, escuchándolo, asistiendo a una clase o viendo un documental; lo importante es poner nuestra mente a trabajar. Los beneficios tanto directos como indirectos que se tienen al aprender algo nuevo son incalculables, pues además de ejercitar y expandir nuestra mente, conocemos otras formas de pensamiento y nuevas maneras de ser más felices. Gracias a las capacidades cognitivas superiores de nuestra mente hemos logrado, no solo adaptarnos, sino ser la especie dominante. Nuestra capacidad de razonamiento, estudio y reflexión es lo que nos diferencia del resto de animales; es nuestro gran poder, nuestra capacidad especial.
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