La Guía, lo que debes de saber si la vas a hacer el West Highland Way

¿Qué es el West Highland Way ?
El West Highland Way es la caminata más famosa de Escocia y siempre aparece en el top de las listas de hiking o senderismo, la ruta de 154 kilómetros que es recorrida en 7 días parte de Milngavie, una ciudad en las afueras de Glasgow discurre por las veras del Lago Lomond y termina a las veras de la montaña más alta de Escocia, Ben Nevis.
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El inicio es sencillo, un camino plano que poco a poco se va internado en el bosque, el segundo día se corona la primera cima el Conic Hill desde donde se admiran de forma aérea varias islas del lago Lomond, después se entra a un bosque verde con monumentales árboles, algunos de ellos están caídos pero siguen vivos.
El camino discurre después por las veras del lago, y el bosque se vuelve mucho más selvático, la naturaleza se vuelve más viva, el aire fresco y a veces neblina, en un enigma se sube y se baja por las veras del río y playas desoladas hasta llegar a el origen del agua.
Los días siguientes transcurren entre cerros verdes y redondos cuyo pasto parece recién cortado se vuelve un campo de golf íntimo, donde se juega a lanzar la mirada al infinito y después ir tras ella caminando por el sendero que es una delgada línea solitaria, sembrada por algunos pocos caminantes que anonadados como tu contemplan: las cascadas, los túneles de luz formados por las nubes, las sombras moviéndose sobre el pasto, pequeños y grandes pasos de ríos, así como una sucesión diaria de paisajes salpicados de arcoíris que te llevan hasta Ben Nevis, la mágica montaña de Escocia.
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La mayoría de los caminantes del West Highland Way, hacen este recorrido sólo por el paisaje de maravilla, el cual les regala a cambio de su esfuerzo aprendizajes y respuestas a sus más íntimas preguntas, pues este hermoso camino solitario como siempre nos lleva mucho más adentro de lo que creemos.
Año con año miles de personas de toda Europa vienen año a recorrerla completa o fragmentos de ella, muchos escoceses sienten la obligación de realizarla alguna vez, y yo Edgardo Montero un vago sin freno, decidí recolectar está ruta para mi colección de ensueño, de razones por las cuales vale la pena estar viviendo, para continuar mi búsqueda exhaustiva de belleza, que intento facilitarte a través de guías, crónicas y poesías.
¿Dónde comienza y dónde termina el West Highland Way?
El West Highland Way comienza en Milngavie, un pequeño caserío cerca de Glasgow, la segunda ciudad más importante de Escocia, en la parte sur del Reino Unido y termina en el pueblo de Fort William, el cual está en la base de la montaña más alta de escocia Ben Nevis.
Para llegar al inicio de la ruta desde otro país o desde Reino Unido, lo mejor es volar a Edimburgo y a través del scottish rail llegar a la estación de Milngavie.
La mejor opción si viajes desde lejos es pasar unos dos días en Glasgow para conocer la ciudad, descansar y hacer las últimas compras y al final del viaje pasar unos dos o tres días en Edimburgo e ir de pub en pub festejando con música y cerveza el haber logrado esta proeza.
¿Dónde quedarte en el West Highland Way ?
Lo más importante antes de llegar a la ruta es reservar los hospedajes, normalmente los hoteles están reservados con tres o seis meses de antelación.
En el West Highland Way las opciones son: hotels, cottages, bed and breakfast, hostales, cabañas y camping parks, para los cuales también es casi indispensable reservar con antelación, y la última es hacer Wild Camp, lo cual es acampar en cualquier lugar, lo cual está permitido en la gran mayoría del recorrido.
¿Cuánto dura el West Highland Way ?
Lo más común es hacer el camino en 7 u 8 días, al final puedes agregar otro día para subir a la montaña mágica Ben Nevis, la más alta de Escocia, donde el recorrido termina.
Plan de 8 días
- Milngavie to Drymen: 12 miles/19 km
- Drymen to Rowardennan: 15 miles/24 km
- Rowardennan to Inverarnan: 14 miles/22.5 km
- Inverarnan to Tyndrum: 12 miles/19.5 km
- Tyndrum to Inveroran: 9 miles/14.5 km
- Inveroran to Kingshouse : 10 miles/16 km
- Kingshouse to Kinlochleven: 9 miles/ 14.5 km
- Kinlochleven to Fort William: 15 miles/24 km
Plan de 7 días (El que yo hice)
- Milngaive Drymen 14.1 km
- Drymen Sallochy 24.1 km
- Sallochy Beinglas 15.1 km
- Beinglas Tyndrum hostel 29.1 km
- Tyndrum hostel Glencoe 15.1 km
- Glencoe Kinlochleven 23.1 km
- Kinlochleven Ben nevis
Algunos sitios tienen planes para hacer la ruta en 5 o 6 días, lo cual es más un exhaustivo reto deportivo, lo cual solo considero apto para corredores de Trail, para correrlo es indispensable tener todas las reservaciones, así como los transportes de mochila, además de el equipo y el entrenamiento adecuado para la ruta.
¿Cómo hacer el West Highland Way de forma segura?

Mi mejor recomendación es reservar todos los hospedajes de preferencias hoteles, así como el servicio de transporte de mochilas.
Algo que me sorprendió del recorrido es la dificultad de la ruta si se carga la mochila, especialmente el tercer día de la ruta de 7 días, el tramo que va de Rowardennan a Inverarnan aunque son sólo 22.5 kilómetros, el camino es bastante técnico, pues se sube y se baja por grandes macizos de roca junto al río, lo cual es complejo y a veces hasta riesgoso con el peso de la mochila que si se trae el equipo completo (casa de campaña, sleeping, mat, ropa y comida) suman de 15 a 20 kilos, ese día según el Samsung Health camine 36 kilómetros, lo único que yo se es que inicié a las 10 de la mañana y terminé a las 8 de la noche, totalmente exhausto,
Mi mejor recomendación además de hacerlo en 7 o 8 días, es quedarse a dormir en hoteles y contratar el servicio de transporte de mochilas.
Si no encuentras reservas o te parece muy alto el costo de los hoteles puedes quedar en campings, pero hay que tener especial cuidado con los midges, que son unos pequeñísimos mosquitos que se aparecen por miles al atardecer, de verdad son una pesadilla la cual es superable sólo con el repelente, cubriéndose todo el cuerpo y utilizando una red para cubrirse el rostro.
¿Cómo funciona el servicio de transporte de mochilas ?
Hay varias compañías que ofrecen el servicio de transporte de mochila, cobran unas 45 libras por 3 transporte y 70 por 6 qué es lo que necesitas si haces el West Highland Way en 7 días.
Su funcionamiento te parecerá un poco arriesgado pero son completamente confiables, lo único que tienes que hacer es reservar en el sitio web indicando los lugares en los que te vas a hospedar, es decir antes de reservar el transporte debes de haber reservado con anterioridad tus hoteles o campings.
El primer día al inicio de la ruta te darán un pedazo de plástico en el que pondrás tu nombre, y ello siguiendo las instrucciones que dejaste en el sitio web las irán llevando de un lugar a otro.
En cada camping hay un lugar designado para el servicio de transporte de mochilas, en la recepción de cada uno te dirán donde la podrás recoger y donde la debes dejar.
Todos tienen un sitio web, whastapp y teléfono para que te comuniques con ellos.
Si no contrataste al inicio este servicio, puede contratarlo durante el recorrido para una o más etapas, lo único que tienes que hacer es hacer la reservación, y en la recepción del hotel te dirán dónde encontrar los cartones que debes colgar en la mochila, así como el lugar en la que las debes dejar.
¿Qué debo llevar al West Highland Way ?
Lo que debes llevar siempre contigo son zapatos repelentes al agua tipo GoreTex o similares y de preferencia de suela ultra rígida como Vibram, así como algo para cubrirte de la lluvia, repelente para los midges e ir lo más ligero que puedas.
El clima en escocia pasas del calor, a la lluvia y de ahí al frío en pocas horas, por ello lo mejor es traer un sistema de capas, en la parte superior la primera puede ser una playera ( de manga larga si eres sensible al sol ) la segunda un suéter, la tercera un rompevientos impermeable , la cuarta una fleece para el frío, la quinta una chamarra y opcionalmente una playera térmica, con esto estarás preparado para cualquier cambio repentino del tiempo.
Para la parte inferior es recomendable tener una licras pues entre el pasto a veces hay garrapatas, unos pantalones multipropósito y unos calzones largos de lana para el frío en la noche, así como un pantalón impermeable para la lluvia.
Si vas a acampar el equipo de camping básico es tienda de acampar ligera y repelente al agua, sleeping bag de preferencia para 0 grados, un mat inflable para dormir, estufa de gas, y una pequeña olla multipropósito.
Los bastones no son tan necesarios, yo no llevé y la mayoría de las personas que los tenían los llevaban guardados.
¿ Qué hacer si hay mal clima ?
La gran mayoría de los pueblos están conectados por trenes y autobuses entre ellos así como con Glasgow, si quieres parar un día o dejar de caminar puedes irte directo al siguiente pueblo y descansar o seguir después o si lo prefieres puedes ir a Glasgow una o más noches, esto es posible si tienes reservas en campings pues en ellos es más fácil cambiar las fechas.
¿Qué hacer si llueve ?
Los días que he pasado en Reino Unido me han enseñado primero a ir preparado para el clima, después a tener paciencia con la lluvia, a reconocerla como parte de la esencia y la belleza de estas tierras.
Los ingleses viven checando el clima principalmente con su servicio de meteorología a través de su aplicación MET, la cual suele ser bastante acertada principalmente los mapas interactivos.
Lo más importante es no tenerle miedo a la lluvia, los ingleses no detienen su vida por el agua, si empieza a llover levemente te puedes poner un rompeviento, si la lluvia es más fuerte puedes ponerte un poncho o una chamarra y unos pantalones repelentes al agua, o sacar el paraguas y continuar caminando como si nada pasara.
¿ Cual es la mejor época ?
La temporada inicia en marzo y abril y termina en Octubre, lo mejor es el verano, principalmente junio y septiembre pues no hay tantos caminantes, y en segundo lugar julio y agosto.
¿Qué es lo más importante para hacer el West Highland Way?
Lo más importante de todo, es y siempre será la actitud con la que vas, puede haber partes duras, difíciles, inclemencias del clima cuando eso suceda sólo tendrás que parar, observar hacia cualquier dirección y darte cuenta de que estás en un paraíso natural único, respirando aire puro, deleitándome con la policromía de miles de tonalidades de verde mezclados, seguramente verás una y otra vez bajar a una deidad a través de túneles por entre las nubes, otras veces escucharás el sonido del viento en los árboles, te sentirás en conexión con la naturaleza y empezarás a amar el sonido de tus botas estrellándose contra las rocas, si vas con tu pareja o amigos seguramente será inolvidable, pues convivirán noche y día, habrá sonrisas, confesiones, retos juntos, así como un sinfín de recuerdos.
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¿Cómo es el primer día del camino del West Highland Way el primer día de Milngavie a Drymen?
- Inicio: Milngavie
- Fin: Drymen
- Distancia: 12 millas, 19 kilómetros.

El camino inicia en Milngavie, la entrada al West Highland Way está marcada con varias placas de hierro que anuncian los highlights del recorrido, este pueblo es ideal para hacer las últimas compras de equipo pues a lo largo del camino únicamente hay tiendas pequeñas.
En cuanto empiezas a caminar la naturaleza parece abrazarte, el primer día del camino son 19 kilómetros muy planos, lo cual es ideal pues ahí empiezas a sentir el peso de tu mochila, si es que la llevas, así como a escuchar los sonidos que te acompañarán todo tu recorrido el de tus botas, el agua, las cabras, los borregos y sobre todo el viento.
A la mitad del recorrido hay dos cafeterías en las que puedes hacer una parada para comer, tomar un café o un helado y seguir caminando.
El tiempo aproximado de caminata de este día es de 4 a 6 horas, el cual es un buen calentamiento para los siguientes días. Si llegas a un hotel podrás bañarte, y bajar al restaurante o pub, hay algunos que tienen terrazas y vistas magníficas.
¿ Cómo son los campings?
Los campings normalmente cuentan con baños, regaderas de agua caliente, un lugar para cargar los celulares, mesas para hacer la comida y lugares para lavar los trastos, en algunos de ellos hay pequeñas tiendas, otros más tienen restaurantes. En la página web de cada uno suelen estar descritos todos los servicios.
¿ Qué hacer al llegar a los campings del West Highland Way ?
Si llegas a los campings, lo primero que te recomiendo es registrarte, escoger el lugar donde poner la tienda, ahí puedes elegir tener la mejor vista, ( pero piensa que cuando estés dentro de la tienda no verás nada ) o elegir un lugar rodeado de árboles, cercas o otras casas de campaña que te protejan del aire y la lluvia. Siempre es recomendable tener una mesa cerca para hacer de comer, escribir o convivir.
Antes de poner la tienda lo primero que te recomiendo hacer es estirarte, entre más lo hagas mejor, después armo mi tienda de campaña y la dejo alistada para dormir. Si llegué temprano me voy a bañar, y luego me hago la cena, la cual normalmente se compone de unos noodles de camarón, res o pollo que complemento con queso, carnes frías o delgados pedazos de carne ahumada o cocida. Con esta comida me caliento para la noche y me recargo de carbohidratos y proteína para el siguiente día.
Recomendaciones para dormir en casa de campaña
Dormir en casa de campaña es un reto siempre a dominar, lo mejor es tener un buen mat inflable, un saco para dormir, una almohada, y utilizar los cubing packs como almohada. Personalmente intento utilizar la mochila como barrera contra el viento, me acuesto con algo ligero como una playera y unas licras y si voy sintiendo más y más frío me voy vistiendo en capas, mi segunda capa es un suéter y unos mallones de lana, la tercera un fleence y un pantalón, y la cuarta una chamarra y si hace más frío me pongo cuanta ropa tengo.
Normalmente siempre viajo con un botiquín, si me duele mucho algo me tomo un painkiller, si el sueño no llega unas pastillas de melatonina, y si no funcionan o me desespero tomo algún antihistamínico, pero en realidad siempre intento no tomar nada. También un buen audiolibro, una playlist para dormir, unos tapones para los oídos y un antifaz en momentos difíciles ayudan.
A la mañana siguiente lo primero que hago es acomodar la tienda por dentro mientras me voy preparando para salir, luego me hago el desayuno que normalmente es muesli o avena, algo de fruta, y si tengo mucha hambre un sandwich.
Si hay un pueblo cerca, como en este caso: Drymen levanto rápido la casa de campaña y busco una cafetería para tomar un buen desayuno.
Después de dormir lo que queda es siempre regresar al camino, adoro la emoción y hasta prisa de ponerme la mochila y saber que mi gran tarea del día es caminar y admirar el paisaje.
¿ Cómo es el segundo día del West Highland Way de Drymen a Sallochy ?
- Inicio: Drymen
- Fin: Sallochy
- Distancia: 12 millas, 19 kilómetros.

El segundo día el gran reto es ascender hacia el Conic Hill, al principio del camino hay una desviación un camino que nos lleva por el río y otro por la montaña de Conic Hill la cual es una milla más larga.
Este día el camino revela su majestuosidad única, el pasto verde siempre pequeño como recién cortado hace un contraste perfecto con el azul claro y limpio del cielo, en él, las nubes parecen pinceladas perfectas y para rematar la escena están tirados por la mano de Dios miles de arbustos llenos de flores moradas llamadas cardos, que son el símbolo de escocia.
Después de unas dos o tres horas de andar una delicada pero constante subida llegas a la cima de la montaña y aparece el lago Lomond, ahí te darás cuenta que el ascenso valió la pena pues el ver las islas suspendidas en el lago en una calma infinita te harán recordar que has ascendido al paraíso, que tienes lo que necesitas contigo y esto es solo el inicio.
Al acercarse al río Lomond llegas a el pueblo de Balmaha en el que encontrarás varios restaurantes para comer y una tienda en la que puedes comprar un sandwich, así como provisiones para tu cena, recuerda cargar siempre comida para dos días, pero que no sea mucha, pues si cargas tu mochila todo el día cada kilo cuenta.
Después de contemplar por un rato el lago o Loch Lomond te volverás a perder en el bosque, una atmósfera verde te envolverán en una verde sinfonía de viento y miles de detalles que te robarán el aliento, como unos árboles tirados que pareciera fueron tirados por el viento pero siguen vivos, lo puedes constatar al ver el entramado de cientos o miles de raíces que exhiben, la composición de las raíces hilvanadas es una obra de arte compleja, una red neuronal de la savia tierra, una muestra de que aun después de caer se puede de forma diferente crecer.
Al final del día, después de cinco a ocho horas de tu partida llegarás a Sallochy, este campamento está en medio de un área natural protegida, si elegiste acampar te quedarás justo a las veras del lago, el campamento está en una privilegiada locación, sin embargo no tiene regaderas, solo baños y unos lavaderos. Si reservaste verás el lugar que te corresponde con una etiqueta con tu nombre, si no encuentras tu etiqueta o no reservaste puedes ir a la oficina que está frente a las regaderas, también en ese lugar podrás recoger tu mochila si elegiste que te la transportarán.
Este día fue el primero que en este recorrido me enfrente a los midges, había muchos pero con la red en mi cara pude cocinar. Si quieres olvidarte de ellos puedes comprar un poco de leña y hacer una pequeña fogata la cual ahuyenta a los mosquitos, de esta forma podrás disfrutar del Loch Lomond en completa tranquilidad.
¿ Cómo es el tercer día del West Highland Way de Sallochy a Benininglas?
- Inicio: Sallochy
- Fin: Benninglas
- Distancia: 24 kilómetros según el mapa. 36 según mi móvil.

El tercer día es el más retador de toda la ruta si vas de Sallochy a Benninglas, lo que te recomiendo salir lo más temprano que puedas, ir ligero ( si solo contratas un día que transporten la mochila este es el día ), en toda mi investigación no encontré nada que me alertara sobre la dificultad de esta parte, lo que sé es que si lo haces lo recordarás la vida entera, por el paisaje, el reto y la distancia aunque en millas lineales son aproximadamente 24 kilómetros, la aplicación del Samsung health me marcó 36.
El día inicia con varías instantáneas del lago envuelto por la bruma, ese día en especial se veía místico como de cultura celta, en las playas formadas por piedras podrás apreciar las ondas del agua expandiéndose por el lago, el movimiento hace un chasquido divino que una y otra vez aparecerá y desaparecerá conforme avanzas.
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Al dejar la playa te internarás una y otra vez en las montañas. Ahí encontré una obra de arte natural, un árbol lleno de delicadas telarañas de las cuales pendían decenas de lumínicas gotitas, no vi ninguna araña ni presa parecía ser solo una obra de la divinidad que me recordó la teoría del world wood web, la cual dice que todos los árboles están unidos por una compleja red por la cual se comunican e intercambian agua, nutrientes y energía, esta teoría es la prueba científica de la conexión que sientes en la naturaleza, al unirse al camino durante días estoy seguro que empezará a sentirla.
En tu camino volverás a encontrar más caídos árboles vivos y verás una inspiración más a la resistencia, al igual que estos árboles podemos seguir siempre vivos si buscamos conectarnos con lo que nos rodea, estos árboles siguen conectados no solo a través de sus raíces sino de sus ramas que dan a luz nuevas plantas, flores, incluso otros árboles, la naturaleza en su avance nunca cesa.
FOTO ARBOL CAIDO
Poco a poco te adentrarás en un camino de helechos que discurre a la vera del río en ascensos y descensos, algunos incluso llegan a ser peligrosos y en realidad le hacen honor al término técnico. Hay pasos donde hay que utilizar ambas manos para ascender, en otras hay que ascender de forma lateral.
La Crónica, lo que viví en el West Highland Way

En los caminos llega un tiempo donde empiezas a hablar contigo de una forma mucho más personal, esto me ocurrió aquí, de aquí en adelante mi camino se volvió mucho más íntimo, empezó a convertirse en un reto personal, pues después de un tiempo de ir arriba y abajo mis rodillas empezaron a resentir los escalones, y un nuevo dolor cerca del talón, en recompensa, encontré tranquilas y escondidas cascadas, lugares altos con paisajes de encanto, senderos que se internaban en bosques llenos de altísimos árboles verdes combinados con terrazas de helechos.
Alrededor de las cuatro de la tarde llegué hasta el hotel de Inveroran (dónde hubiera sido buena idea quedarme ), al ver el hotel, el restaurante, y la gente registrándose y tomando café y cervezas pensé que ya iba a llegar, pero abrí Google Maps, y sentí una explosión del gusta al ver que me faltaban tres horas más para llegar, pero luego pensé que con la mochila serían unas cuatro y media, eran las 4 de la tarde si me apuraba llegaría a las ocho y media, no tuve más que pasar de largo el restaurante, sacar una manzana y unas gomitas que tenía en la mochila y seguir comiendo y caminando.

Al ver el mapa con detenimiento me di cuenta que tenía que caminar hasta el origen del río, pensé que sería en poco tiempo pero caminé y caminé sin verle el fin, el camino poco a poco fue haciéndose más plano y por tanto menos complicado pero nada le quitaba lo largo, con las horas agarre ritmo y de repente como una alucinación vi una sombra venir hacia mí, por la distancia no pude reconocer que era, era una mancha negra, parecía un animal mítico, mientras más se acercaba fue tomando la forma de una vieja cabra negra maltratada con un solo cuerno, por su aspecto y su caminar lento, sentí que se iba muriendo, no supe como interpretar la señal, ni lo quise pensar, tenía que llegar.
Seguí andando y andando, sin embargo, sentía que el camino se iba haciendo cada vez más y más largo, seguía esperando ver donde terminaba el río, sabía que iba en la dirección correcta. Las nubes empezaron a cerrarse y la luz dorada del atardecer tocó con su mágico contraste el sendero y los árboles, la palabra High, de West Highland Way me sonaba una y otra vez, no sólo era High, también era un long, long way.
Me atemorice pensando que oscurecería y no tenía lampara, luego pareció que iba a llover, no podía dejar de pensar que la ruta se estiraba, se hacía más larga, como los espejismos en la carretera que siempre se alejan un poco más, abrí una y otra vez el mapa para cerciorarme de que estaba avanzando y que faltaba menos, no sabía cómo acomodar la mochila para que no me doliera la espalda, era demasiado peso, seguí sin parar, para menguar el hambre que ya arreciaba seguí engullendo gomitas acidas, de repente sentí necesitar más comida, me paré un segundo saque unas salchichas y me las fui pasando con agua hasta que por fin llegué al final del río, ví el mapa y me indico que todavía faltaba una hora más.
Me concentré en mis pasos, en mi respiración, la técnica de shamata que utilizo para borrar cualquier sufrimiento, un paso a la vez, cuento del cinco al cero, mi respiración o mis pisadas y no me distraigo, no dejo que el miedo al futuro me lleve, ni que el pasado con su velo de nostalgia me haga extrañar los lugares que he dejado, solo existe el presente 5,4,3,2,1 y si me distraigo regreso al 5, 4, 3 y así, colgado de la ancestral técnica de meditación pude llegar al campamento Beringlass
El camping tenía un restaurante, fui directo a él gobernado por el hambre, pronto vi a otros de los caminantes que había conocido días atrás, todos teníamos una cara de ultrajados, como si hubiéramos abusado de nosotros mismos, pensé en la cabra, en algo a nosotros se asemejaba, no nos habíamos preparado para esto, cuando tiré la mochila y pude hablar les dije a mis amigos en inglés “may i Say a Word”, en español “les puedo decir una palabra”, ellos asintieron con la cabeza y entonces grité con todas mis fuerzas “fuuuuuuckkkkkkkk”.
Devore dos platos de fish and chips, justo cuando terminaba empezó a lloviznar, puse la tienda de campaña a velocidad y me metí en ella para guarecerme y descansar, me quite la ropa, me puse los audífonos y dejé que la música celestial del ángel vagabundo Bob Dylan curara mi emoción herida, el siempre tiene un alivio, un consejo, una salida
Bob Dylan the answer My friend is blowing in the wind.
La noche entera escuché de forma intermitente la lluvia pegar en la tienda, a veces eran pequeñas gotitas, otras torrentes, otras veces era el viento el que movía la tienda.
Me desperté a las seis de la mañana y seguía lloviendo decidí esperar, volví a despertar a la siete, seguía lloviendo, luego a las ocho por fin empezó a escampar, abrí la tienda y se veía el día claro, sonriente y me fui a bañar.
En el restaurante desayuné unos potato scones, huevos fritos, salchichas, tocino, papas, me compré unos nuevos calcetines largos de lana merino con otra recubierta anti ampollas, recogí mi tienda y a las diez de la mañana estaba otra vez preparado.
¿ Cómo es el cuarto día del West Highland Way de Benninglas a Tyndrum?
- Inicio Beninglass
- Fin Tyndrum
- Distancia: 15.1 kilómetros

Revisé el mapa y el camino lucía tranquilo, solo tenía que caminar tres horas, pensé que serían cuatro o cinco así que me lo tomé con calma, sin embargo el dolor de la espalda, y de los huesos de los pies, al igual que la tensión en los hombros y las clavículas se iba y regresaba en oleadas, por más que había intentando acomodar la mochila no lograba una posición cómoda, dicen que la forma correcta de cargar la mochila es levantar un ochenta por ciento del peso con la cadera y el otro veinte con el pecho, sin embargo en la práctica he visto que cada uno va modificando esa regla.
El lago dejó de ser grande como los días anteriores, sin embargo el agua está siempre presente en Escocia, ahora lo hacía en forma de cascadas, algunas pequeñas, otras más grandes, cada que veía el agua corriente sentía debía como ella dejar ir mis dolores, fluir, rebautizarme, dejar que el viaje me transformara.
Mi vida ha cambiado trascendentalmente este año, he dejado de tener residencia y he decidido utilizar estas rutas como mi casa, hace tres meses la eurovelo de Londres a Budapest, hace dos meses en el camino De Santiago, ahora estoy en el West Highland Way, y frente a mí se abren una infinidad de opciones de rutas como esta para caminar, nadar, nadar, hacer kayak, y en diciembre esquiar.
El cansancio me hacía caminar lento, los cerros empezaban a multiplicarse a uno y otro lado del paisaje, me sentía un personajes solitario en un planeta alejado caminando por una gran alfombra verde por la orografía ondulada y detenida, pronto la conexión con el paisaje se hizo más grande, el diálogo interno más amable, después de estar contigo en silencio mucho tiempo te descubres como nuevo.
De repente vi un túnel de luz atravesar las nubes y decidí unirme a él, me estiré intentando alcanzarlo, luego como siguiendo la danza o el rito, después de alzar mis brazos grandes hacia arriba, lo hice hacia los dos lados, giré la cadera lo más que pude, primero hacia un lado, luego hacia otro y ahí me di cuenta de que me estaba uniendo con el horizonte hacia los cuatro puntos cardinales, era como si la gran cruz simétrica de un luminoso símbolo positivo me absorbiera.
El infinito de repente quedó cerrado por cientos de árboles, encontré una desviación, pensé en tomarla para ir por un café, pero decidí mejor seguir y estar más en contacto con la naturaleza, pronto llegué a un puente y bajo él un largo tranquilo río me invitó a entrar en él, me acerqué a la orilla tiré la mochila, los zapatos y metí los pies en el agua helada, en ese momento vi mis tobillos inflamados y un nuevo cayó en la parte lateral de mi talón derecho, creo que había sido de subir y bajar el día anterior, dejé que el agua se llevará mis dolores, me quité los pies por un momento y los ofrendé al río para que me los regresara como nuevos.
Media hora después me los puse de nuevo y contento tomé una desviación para ver otras cascadas, el estruendo del agua me inundaba, empezaba a aparecer una inspiración más grande, no paraba de escribir mientras caminaba, me abstraje tanto que me perdí un momento, regresé a la ruta y vi que todavía faltaban unas dos horas, intenté concentrarme en seguir y otra vez mis pies se lamentaron del esfuerzo realizado.
Decidí poner un poco más de atención, concentrarme e irme sin pausas hacia mi destino, pronto aparecieron otra vez los cerros, las flores moradas, los caminos de helechos, los paisajes armonizados, me sentía bendecido y cansado, junto a mi pasaron varios caminantes temerosos de no encontrar espacio en el camping, yo me sentía extrañamente tranquilo, además no podía ir más rápido, iba lento, disfrutando hasta que por fin llegue a Tyndrum
Ese día por más que intenté no logré obtener reservación, al llegar al primer camping pregunté si tenían lugar, el responsable del albergue amablemente me explicó que están muy regulados y no pueden alojar ni una persona más de las que tienen permiso, le pregunté qué podía hacer, me dijo que podía ir más adelante o hacer wild camping.
No encontré lugar en el otro hospedaje, dejé el pueblo y busqué un cerro para acampar, encontré un claro seco en el que había dos tiendas de campaña, me acerqué a ellos y les dije que si me podía poner a su lado, aceptaron, puse la tienda, hice mi cena, luego llegaron otros más, eran como diez alemanes, platiqué un poco con ellos, me hice de cenar y dejé a mi cuerpo unirse a la calma de la noche y el cerro.
En la noche empezó a llover otra vez, vi la aplicación del clima, me he dado cuenta que en Reino Unido, ahí me di cuenta de que habría precipitaciones los dos siguientes días, pensé en regresar a Glasgow a pasar el fin de semana, comprar unas nuevas plantillas y hacer más ligera la mochila, decidí dejar la decisión para el otro día.
Llovió intermitentemente la noche entera, a las cinco de la mañana decidí tomar el tren de las seis, agradecí que el West Highland Way esté conectado a través de trenes y buses con Glasgow, a las siete treinta estaba ya dormido en el tren para pasar el fin de semana en la ciudad y retomar la ruta el martes cuando prometía volver a estar soleado
¿ Cómo es el quinto día del West Highland Way de Tyndrum a Glencoe?
- Inicio Tyndrum
- Fin Glencoe
- Distancia 29.1 kilómetros

Tres días después con plantillas nuevas y habiendo rentado el servicio de transporte de maletas regresé en autobús a Tyndrum, justo al lugar donde me quedé en Glasgow pesé mi maleta eran 22 kilos los que traía, se supone que no se debe cargar más del 15 por ciento de mi peso, es decir estaba cargando un 50 por ciento más de lo debido.
Además de aligerar el peso de la backpack metí una mochila pequeña de 20 litros con bolsa de hidratación para andar durante el día, dejé la mochila pesada en el hospedaje donde quería quedarme hace tres días, y de ahí en adelante diariamente este servicio levantaría mi maleta y la llevaría hacia mi siguiente hospedaje, al final no perdí ninguna reserva, pues mandé un aviso a cada uno de mis hospedajes para cambiar la reserva y lo hicieron sin problema, esta creo fue la única gran bondad de hacer el West Highland Way durmiendo sólo en campings.
Los días que me ausenté había llovido casi todo el día, fue una buena decisión el haber tomado el descanso pues me sentía renovado y había un buen clima, en cuanto empecé tuve la sensación que amo de estar en el final del mundo, la campiña lucía infinita, esa es la alegoría, la metáfora, la melodía, el final del camino es el infinito, y por unos días en el West Highland Way lo habito.
Al no llevar la mochila, me sentí volar por las nubes blanquiazules, paso a paso despegaba mi ser del verde intenso del pasto, la gravedad desaparecía y en su lugar aparecían una y otras cimas, más tarde me encontré con una cascada pegada a la pared sobre la cual corría ligera el agua, pegué la mejilla a ella y sentí como si el west Highland way me besara, luego siguiendo los consejos de los escoceses fui más allá saqué la lengua y empecé a beber del agua pura, exquisita y clara.
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Poco a poco sentía me convertía en un animal pastando con mi mirada, los cerros que parecían existir solo para ser admirados. Las flores moradas detenían y jugaban con la luz entre sus espinosas ramas, una armoniosa perfeccionó me envolvió una y otra vez, al no llevar peso sentí que tenía mucho más tiempo e hice muchas pausas porque no quería despedirme de las maravillas que miraba.
Como es costumbre en Escocia, de un momento a otro aparecieron varias nubes y empezó a lloviznar y justo en ese momento encontré un restaurante. Al sentir la cálida atmósfera del lugar decidí ponerme cómodo y pedir un gran pedazo de bacon con piña y una Coca Cola, justo cuando me disponía a salir se soltó otra vez la lluvia entonces pedí un café con espuma y un scone, el cual es el pan escocés típico, es una especie de bisquet con fruta, que se acompaña con una crema que parece mantequilla y mermelada, me sentí dichoso del momento y del manjar, dejé pasar un poco el tiempo leyendo y escribiendo, después de dos horas en el lugar le pregunté al mesero cuando faltaba para Glencoe, me dijo que de cuatro a seis horas, le enseñe el google maps que me decía que eran solo tres, movió la cabeza y me dijo cuando menos serán cuatro horas y media, entonces me sentí apurado, en cuanto salí empezó a llover.
Me empecé a regañar una vez más, “te confiaste, saliste tarde otra vez”, entonces aumenté mi velocidad, al poco tiempo me vi danzando entre los charcos a un ritmo mágico, recordé entonces cuando a los dieciocho años fui por al desierto de San Luis Potosí por una semana y descubrí que tenía el alma de un guerrero, volví a sentir esa agilidad, el ritmo del agua armonizaba con el de mis pisadas, movía mis extremidades de forma rápida y vino otro recuerdo de cuando era pequeño, adoraba esa sensación de aventura y movimiento, ahí me di cuenta que he sido, soy y seguiré siendo un guerrero.
La lluvia terminó, pero el agua no se fue, apareció en forma de río una y otra vez, y la volví a beber, las horas empezaron a pasar rápidas, sin percatarme entré una vez más en esa dimensión donde parece que lo que se mueve no soy yo, sino cuanto está a mi alrededor, unas tres horas después un letrero me avisó que había llegado a Glencoe.
Al llegar al camping fui directo al restaurante y a recoger mi mochila, me duche y en cuanto empecé a caminar a la zona de acampada aparecían primero cientos, luego miles de midges, sentí la cara roja, me puse el repelente y la red, conforme caía la tarde la nube de bichos se iba haciendo más y más densa, puse la tienda de campaña hice mi cena rápidamente y me la fui a comer a mi tienda, era imposible estar afuera.
Mientras comía por las rejillas de mi ventana veía cómo se multiplicaban más y más los midges, parecía una pantalla con interferencia, entonces empecé a sentir comezón en la mano izquierda, luego en los tobillos, pensé se me había metido una chinche o una garrapata, busqué y busqué y no encontré nada, al final sólo fueron los midges.
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¿ Cómo es el sexto día del West Highland Way de Glencoe a Kinlochleven?
- Inicio: Glencoe
- Fin: Kinlochleven
- Distancia: 15.1

El sexto día me desperté un poco tarde y fui a desayunar al restaurante, pedí un desayuno clásico escocés que se compone de dos huevos, tocino, una salchicha, pudín negro, un pedazo de carne molida cuadrada y un pan de papa llamado potato scone. Después de comer todas esas proteínas, grasas y calorías me sentí pesado y para quitar el malestar no había nada mejor que empezar a caminar.
Conforme avancé empezaron a aparecer un cúmulo de nubes, lo cual cambió el espectáculo del paisaje radicalmente, ahora el sol penetraba por los huecos que dejaban los cúmulos haciendo túneles lumínicos, el juego de luz y sombras reflejada en el pasto daba un efecto irreal de movimiento, me sentí dichoso por presenciar este espectáculo y feliz simplemente por existir.
No cesaban de venir a mi mente oleadas de futuro e ideas del pasado, me puse como meta dejarlos pasar, al menos por este momento quería solo experimentar el presente. Reconocí lo extraviado que he estado siempre pensando en lo que sigue o anhelando lo que no es, lo intenté, y lo seguiré intentando una y otra vez, poco a poco mi pensamiento se fue haciendo lento hasta que llegué a una pacífica sonrisa.
Horas después una subida empezó a retar mis piernas, me di cuenta una vez más que dejar la maleta había sido una decisión correcta, mientras ascendía volteaba una y otra vez a ver el majestuoso lago y las montañas verdes infinitas que dejaba atrás, cada vez la inclinación era mayor y de pintón alcancé a dos caminantes, una estadounidense y una alemana cuando la saludé me dijo “felicidades, has terminado de ascender la escalera del infierno”, tardé en recuperar el aliento y le contesté creo que te equivocaste de lugar, “mira donde estamos, esto es el cielo”.
Un silencio se cernió sobre nosotros, a los dos lados de la montaña las imágenes eran paradisíacos, hacia arriba, hacia abajo, izquierda o derecha, a donde se mirara solo había libertad y belleza ilimitada, pasó un minuto y apareció primero un midge, luego otro, empezamos a sentir comezón y al poco tiempo salimos corriendo huyendo de esas criaturas del infierno.
Bajamos del cerro platicando como tres niños que se habían divertido mucho jugando juntos, hablamos de todo y nada, haciendo bromas tontas y viendo el paisaje que constantemente nos dejaba sin habla, más tarde llegamos al río y las invité a meter los pies, la cara y a tomar un poco de agua, a seguir limpiando nuestra mente en las montañas.
Una hora después llegamos al pueblo, la civilización rompió nuestro hechizo de niños unidos y cada uno tomó una dirección distinta. Yo me fui a un pub a escribir y comer y ellas a sus hospedajes, en cuanto entré sentí el confort del calor del pueblo en el pub, la gran mayoría de los que estaban en la barra se veía eran habitantes del pueblo y discutían con un gran acento escocés acerca de algo que no logré entender.
Después de unos tres minutos de contemplar la plática, la mujer que atendía decidió atenderme, con tono muy cortés me preguntó que iba a querer, pedí una lasagna y un refresco, al poco tiempo llegaron dos mujeres que creo que eran madre e hija, la madre era divertida y la hija de ella se reía.
Al poco tiempo la mamá estaba gritando contestando las preguntas de un juego de preguntas que había en el televisor, empecé a jugar con ellas pero no acertaba a ninguna y la mamá parecía saberse todo, casi no entendía nada pero las carcajadas y la sonrisa de la señora era contagiosa.
Una hora después salí del pub para registrarme en el camping, me bañé, tiré mi casa de campaña y me metí a reposar escuchando el agua del río que estruendoso pasaba por detrás del campamento, en Kinlochleven la corriente del agua es tan fuerte, que incluso generan electricidad con ella, mientras estaba en la casa volví a quedar maravillado de las plantas hidroeléctricas, se me hace increíble que podemos acaparar ese movimiento y convertirlo en energía eléctrica.
Es totalmente surrealista que gracias a ese movimiento puedo escribir en una computadora y puedes tu leerlo del otro lado del planeta, lo más increíble es como la naturaleza también es la fuente original de las maravillas modernas, todo de ella nace y cómo estas palabras a ella regresan.
Poco a poco el sonido del agua fue arrullandome, los ojos se me fueron cerrando, horas después salí al baño y pude ver la noche estrellada, el sonido del río pareciera impulsaba mi tienda de campaña por la vía láctea.
¿ Cómo es el séptimo día del West Highland Way de Kinlochleven a Ben Nevis?
- Inicio: Kinlochleven
- Fin: Ben Nevis
- Distancia: 23.1

Me desperté contento, era el último día, me sentía conmovido por cuanto había visto y vivido, fui directo a la cocina a cocinar mi avena y tomar un café, ahí me encontré con un ciclista escocés que me contó que por primera vez estaba haciendo una caminata, hablamos de las diferencias, entre rodar y caminar, coincidimos en que rodar se parece más a volar por el paisaje, caminar es meterte a ellos, en su interior puedes reflexionar y detenerte, en la bici hay más excitación y distancia, en la caminata más detalle y paz, ninguno de los dos pudimos decir cuál era mejor.
En cuanto salí del pueblo me sumergí en la ruta y en el paisaje, las flores moradas hoy lucían más luminosas, los cerros empezaban a caminar hacia mí uno tras otro, cientos de mechones de pasto agitados por el viento le daban a las montañas una sensación de infinita sucesión y movimiento.
Kilómetros adelante encontré a la madre e hija del pub, juntos disfrutamos en silencio del paisaje y al final la madre me toca la mano y me dice “te dejamos todo este paraíso para ti solito, cuídalo”, sonreí aceptándolo, en ese momento me di cuenta de que conforme habían pasado los días en el West Highland Way había sentido este camino mío, me había vuelto parte de él, incluso me sentía en él fundido, saqué una naranja para representar al sol, la alcé al cielo como ofrenda y fui desgajando sus rayos entre mis labios.
Una hora después apareció suspendida una montaña puntiaguda que parecía volar por encima de todas las demás, el efecto era producido por las nubes que corrían en completa libertad por el espacio, volví a encontrarme con mis amigas del pub y con una sonrisa apunté mi dedo hacia la cima y le dije ”ves esa montaña, te la regalo”, una sonrisa grande nos llenó la cara, me abrazó y me dio las gracias.
Horas después vi una cascada y pensé era la última que vería, empezaba el momento de la despedida, me quité las botas, los calcetines, me arremangué los pantalones y el agua entró por mis articulaciones, mis plantas se fundieron con el musgo, pensé que podía quedarme ahí como un árbol más del West Highland Way, me quedaría aquí bebiendo de forma infinita del devenir del río, eso es lo que siempre he querido, ser movimiento, ir e ir, sin quedarme en ningún lugar, unirme con el mar y por él, con él e ir más allá, quedarme en este estado estático de paz y movimiento, me quedé conmocionado por el encanto, el agua se coló por mis lagrimales y bajó por mis mejillas hasta mi sonrisa, esta montaña también era mía.
Seguí ascendiendo por las cimas hasta que al dar una vuelta apareció la más sublime de todas las montañas, la más alta, una cumbre gris verdosa alumbrada por el sol, era Ben Nevis, la imagen con la que termina la caminata, no dejé de moverme sin quitarle la mirada, el viento y las nubes me conectaron con el arcoíris y su divina policromía, la cima llena de energía brillaba como una joya divina.
Reconocí que esta ruta no es la primera ni la última, tengo la certeza de que lo que me quede de vida estaré dedicado a buscar belleza y energía y me dedicaré a intentar reproducirla en poesías, a hacer ofrendas con palabras a la diosa travesía, hago una postración con toda mi alma ante su maravilla, intentaré traducir en melodía esta algarabía que me electriza, extraeré el néctar de la travesía a través de mi épica, seguiré buscando la conexión con la madre naturaleza, esta vez la vía de acceso fue el West Highland Way, el vehículo mis pies, y Ben Nevis el dintel.

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Los Poemas, lo que descubrí en el West Highland Way
1. En el camino hacia Drymen, West Highland Way
El salvaje acto físico de peregrinar consiste en andar de manera lenta cargando en tu maleta tu casa, tu ropa, tu comida. El reto es ser autosuficiente y dejar que tu mente se pierda en el verde, se refresque en los lagos, y paso a paso empiezas a fluir presente, te vuelves el camino y entiendes cuán conectado está todo siempre, como las raíces de los árboles están completamente hilvanadas debajo del piso y como las nubes se conectan con el lago a través de las montañas.
Tu infinita pequeñez te llama a tratarte con cariño y ser tu mejor amigo, porque tu eres el único que estará todo el tiempo contigo, al andar se aprende lo importante, a tomarte de la mano y llevarte, impulsarte y decirte que todo está bien, que puedes un poco más, que tú elegiste esto y que no hay nada mejor que lo que estás haciendo quedar deslumbrado de forma intermitentemente por las perfectas imágenes del paisaje que te dicen que estás en el lugar correcto, practicando los verbos que venimos a practicar en este mundo, que simplemente son existir, aprender y sobre todo convivir con todo al unísono, con la naturaleza, con los hongos débiles de la tierra y los árboles gigantes que dan sombra y pueblan el planeta, que inhala y exhala de forma interminable, para que nosotros tengamos aire y conciencia, el alimento que necesitamos para habitar este planeta, para ser más felices o sufrir menos o comprendernos.
Soy un animal más buscando mi alimento, tengo una inmensa necesidad de conciencia, de paraíso, de plenitud. Al caminar satisfago mi hambre espiritual, sin la cual no puedo andar, esto es lo que vengo a encontrar no a buscar, porque desde que se inician estos caminos, lo que comienza, es el encuentro, con nuestra necesidad esencial, paz, amor, trascendencia, felicidad.
2. En el camino hacia Drymen.
Creo que la primera vez que entré en contacto con la peregrinación y el estado supremo del movimiento fue en el desierto, recuerdo que me subí a el árbol del atardecer y desde ahí contemplé el infinito, lentamente yo y el árbol fuimos haciéndonos uno, mi sangre corrió a la velocidad de la sabia, mi pelo al son de las hojas, y mi mente llego a las nubes, fue entonces que sentí por primera vez como entré en la naturaleza por primera vez, creo ahí nació un nuevo yo que ama este acto de ir e ir en la naturaleza seguir, encontrándose así y retratando en palabras sus descubrimientos, los hallazgos de simplemente estar existiendo.
3 En el camino hacia Drymen.
https://podcasters.spotify.com/pod/show/edgardomontero/episodes/CANTOS-DEL-WEST-HIGHLAND-WAY-3-En-el-camino-hacia-Drymen-e293qh8
Podría escribir mil veces que deseo limpiar mi mente en el río, tantas como el agua borbotea cada segundo, siento tanto potencial de calma y felicidad que no lo puedo dejar de desear, quiero bautizarme nuevamente una y mil veces como lo hace el sol cada mañana, quiero dejar el dolor de ser quien soy, aunque se que soy el dolor y el es el gran maestro que me da comprensión, que me arrastra y me lleva hasta lo más ínfimo de mi conciencia y estoy aprendiendo a no tenerle miedo sino respirarlo, dejar que pase, deseo regresarlo a su carácter momentáneo y avanzo siendo el mismo río, la misma corriente, el chorro y la gota, la oración y las palabras que la forman, deseo avanzar como él sin cesar y abrazar por cada ángulo a aquello que detesto y amo, no conozco el silencio, sino simplemente la armonía del rumoreó y con ello estoy contento.
El río es mi maestro y como el continuo mi camino moviéndome siempre, siendo la gota, el chorro y la corriente, despidiéndome sin dolor siempre, solo dejando un poético rumor perenne en la mente de quienes por un momento lo sostienen o en el se bañan y nadan simulando y siendo uno con el agua.
En la mañana he metido mi mente para limpiarla de las llagas de la vida que llevaba, bañe mis ojos para dejar nueva mi mirada, ahora meto los pies para que se borren los rastros de lo andado y llenos de energía me lleven a mi siguiente transformación, a mi siguiente renacimiento, más libre, más feliz, sincero, sencillo y bello, tal como el río en el que hoy me sumerjo.
4. En el camino hacia Rowardennan, West Highland Way
Todo se trata de sentir de nuevo el aire en el rostro, de ver aquello que nos gusta o disgusta de una forma nueva y dejar que nos sorprenda, permanecer con una renovada resistencia al dolor, o al reto que se nos presenta.
El rito de mover los pies a lo largo de decenas de kilómetros nos enseña a dejar ir y a enfrentar de manera nueva cada situación que se nos presenta, y no apegarnos a ella no importa si es muy bella, tenemos que seguir, si es muy dolorosa también tenemos que dejarla ir, nuestra mente es una rueda que nos trae siempre los mismos problemas y la única solución es reaccionar o entenderlos de una nueva forma, la evolución es una espiral donde el dolor cada vez se hace más delicado hasta que llega a transformarse en una tierna y compasiva aceptación.
5. En el camino hacia Rowardennan
Tengo la necesidad de escuchar detrás del silencio de la montaña, allá donde la lógica utilitaria se ve lejana, en la vasta inmensidad de la cual brota la creación incesante, como las palpitaciones de una mariposa batiendo las alas para salir de la atmósfera antes de irse a ofrendar al sol.
Se que esto es un suspiro, para el cual no hay muchos oídos, esta épica mística natural divina busca llegar a los inquietos, los llama hacia fuera desde dentro, en su eco nos conmina a ir al encuentro, a atestiguar como la naturaleza busca a la belleza para crear instantáneas perfectas, y nos las brinda como ofrenda a aquellos que vamos hacia ellas en búsqueda poética.
A ningún lugar se llega y siempre, una y otra vez se comienza, como este verso que pareciera va a terminar pero de alguna forma siempre regresa, pues su origen es infinito y su causa verdadera, y cuando cesa, no termina, solo cede paso a el silencio, su versión más excelsa, en la que anonadada se contempla la conciencia.
6. En el camino hacia Rowardennan
El principal problema de la libertad es que no sabemos qué hacer con ella, parece siempre ser el fruto preciado, lo más anhelado, pero cuando llegamos a ella nos quedamos intimidados balbuceando como frente una mujer de belleza excelsa, creo que escribo para poder comunicarme con ella para poder entenderla.
No sabemos qué hacer con la libertad, cuando llega lo primero que hago es desaparecerla, busco alguna preocupación y me ahogo en ella, mi segunda gran distracción o afición es irme al futuro, a las posibilidades de felicidad, creo ilusiones que me hacen sentir o me prometen sentirme bien, últimamente en lo único que pienso es en viajar por días, meses o años sumiéndome en lugares naturales espectaculares y cuando estoy en ellos, sigo buscando otros nuevos, como antes lo he hecho con los negocios, las relaciones, los trabajos, los bienes.
Y si no es el futuro es el pasado, entro en el sufrimiento espiral nostálgico, que no acepta el dolor de que lo que pasó, pasó, que ya terminó tal relación, la temporada, el trabajo, la edad y si me sumerjo en los recuerdos que no vendrán siento un dolor en el pecho que me oprime y me persigue y me pierdo en un laberinto de tristeza y la única salida es aceptar, que ya terminó, que lo que fue no será, que el pasado es una ilusión y entiendo que no era tan bueno como lo soñé, pues por algo puse fin a ello, por algo ya no está, y por más que busque volver a vivirlo, sé la verdad, nunca será lo mismo porque no soy quien fui, ni los demás son quienes eran, ni las condiciones se volverán a dar, la verdadera tragedia está en anhelar que el tiempo vuelva.
Va mi mente hacia adelante, luego vuelve atrás y de esta fantasía creo una sinfonía de emociones, que al momento de escribirlas me suena a una ilusión infinita, y al parecer la única forma que tengo de estar en el presente es través de la meditación y ella me lleva y me ensalza la libertad, pero ahí viene el monstruo de mi angustia, de mi insatisfacción que siempre me pide más, emociones, paisajes, viajes, creaciones, distracciones, diversiones.
No se que hacer con la libertad, pero no puedo dejarla de buscar, porqué creo, siento, que en ella está la felicidad, simplemente no puedo parar de buscarla, de anhelarla, de intentar comprenderla con las palabras, siento que en ella está la más absoluta verdad, la esencial y que vale la pena ir tras ella, es la razón inicial, la comprensión fundamental, el entendimiento natural.
7. En el camino hacia Inverarnan, West Highland Way
Yo confieso ante dios Todopoderoso y ante ustedes hermanos que estoy dividido, lo que ustedes proponen siento es lo que me dicta el miedo, el cemento y el cerebro, mientras a lo que dios me inclina es al valor, a la naturaleza y al sentimiento.
Estoy cierto en que lo que mejor puedo invertir mi tiempo es en ayudarte a viajar, a incitarte a descubrir las maravillas naturales que existen en el planeta y acercarte formas de habitar en ellas, se que para incitarte a hacerlo es más importante decirte lo que siento que lo que veo, mi meta es que sepas lo que siente habitar en el paraíso y que sientas el embeleso irreal en el que me sumerjo a través de dejar volar mi corazón en el viento, los versos y el silencio.
El único compromiso que me interesa es con la belleza, sentarme a contemplarla hasta que me permite acceder a ella, cuando se desvela y con su sutil iridiscencia destella mis más íntimas fibras, me hace sentir que dejo el suelo, veo solo las cimas y entonces nacen de mis tobillos pequeñas alas, y sólo está en mí el dejarme ir, la gravedad por momentos desaparece, respiro entonces como nube en la montaña, me disuelvo entonces en partículas de agua, o en un hongo que brota en la cima, o en una lágrima que exhala un enamorado por nostalgia.
Voy perdiendo la identidad lentamente en el silencio, la materia se aliviana hasta volverse delgada como la piel de mis plantas maltratadas, los tobillos delgados tiemblan de andar tanto con cargas tan pesadas: mi historia, mis personalidades y mi casa.
Paso a paso me siento reconciliado con la multiplicidad de identidades que encarno y las que voy creando, me siento conmigo y veo que puedo hacer cuando deseo, pero que lo que más deseo es la unión, el encuentro con lo eterno y por ello escribo para sacarlo de mi mismo, para entenderlo, para avanzar un poco más en el rio que se deshiela a través de la montaña mágica.
Estoy perdiendo poco a poco la conciencia, la materia, la certeza y aquello que me ata, se van disolviendo las cadenas, cada vez mis pies y mis manos están más conectadas, se están haciendo fuertes mis palabras, esta actividad se ha vuelto mi hogar, mi mirada cada día es más lejana y remonta por las montañas verdes, que dicen estar en escocia, por este momento, mi casa.
8. En el camino hacia Inverarnan
Dado que la existencia no tiene solución lo más sensato es ocuparla en aquello que sea para nosotros lo más significativo, para mí en este momento son los viajes por la alegoría que simbolizan de la vida misma y porqué es la fuente de belleza y conciencia más completa y compleja en la que se existe de forma simplista y sencilla. En ella las contradicciones desaparecen y se entienden en verdad como armonía, como una cadena infinita de orígenes y consecuencias, y al entrar en ella me doy cuenta de como mis complejas letanías son simple palabrería.
A veces creo que magnífico a la diosa travesía como la gran solución, pero mi fascinación no cesa por más que he andado con ella, evidentemente tiene sus problemas, las inclemencias de la naturaleza, las distancias que me exhaustan, los mosquitos que parecen una peste endemoniada, el mal dormir en tiendas de campaña, sin embargo estas carencias son pequeñas en comparación con las recompensas que se aparecen magníficas en la naturaleza, y cuando regreso a un cuarto en la civilización me siento afortunado y en abundancia con las cosas que damos por sentadas como un techo, una cocina, una regadera, una cama.
9. En el camino hacia Tyndrum
Un rayo despierta desde el centro de la tierra y me une con el Zenith, desde el este hasta al oeste creo una cruz con mi parpadeo, una energía positiva conforme muevo las piernas me regenera, entonces tecleo mi poesía épica encarando mi transición completa.
Enfrento el horizonte con mi sonrisa más retadora e inquieta, esa que se acuerda de los millones de orgásmicos paisajes que ha vivido, esa que hilvana mi memoria emocional en una carcajada solitaria y le digo y me digo, estoy aquí, cada uno de los sacrificios y retos que he abordado me han traído hasta aquí, a este lugar donde la música se crea con la letra y los pasos rítmicos me elevan, esta es la energía que me alimenta, la electricidad que mi artefacto genera, el canto que mi animal celebra, a lo que he venido a este lugar, a este momento, a tu cabeza.
Voy ascendiendo al cielo por el camino alto del este escocés, los cerros redondos parece fueron hechos simplemente para ser recorridos, el sol se cuela en túneles por en medio de las nubes, y yo asciendo y desciendo en su sinuoso juego, me reencuentro con el natural amigo que me espera siempre en el silencio y me va dictando poesías para seguir escribiendo, me alejo también del internet y simplemente me dejó ir en la sencilla poesía idílica que con ojos verdes me mira, el camino es infinito así como la profundidad de la belleza que se encuentra en la campiña escocesa.
10. En el camino hacia Inveroran, West Highland Way
Nos gusta ascender montañas por qué nos marcan la dirección correcta hacia la que deberían ir nuestras acciones y plegarias, pues al final, la gran meta está arriba y adelante, y la única forma de llegar a ella es moviendo los pies y alzando la cabeza.
Y una vez que llegamos a la cima nos gusta contemplar el paisaje desde arriba, porqué así comprendemos la infinitesimal partícula que somos en la composición del universo, y al vernos en perspectiva nos damos cuenta, de la ridícula arrogancia en la que estamos encerrados, al darnos tanta importancia.
Nos gusta perdernos en la naturaleza pues en la libertad encontramos la ubicación correcta, somos pasajeros momentáneos, estamos siempre de paso, este es un viaje de ida, en el que no hay descanso, ni regreso, siempre nuestros minutos van caducando.
Nos gusta leer y escuchar lo que dicen los demás, pues al escucharlos vemos que somos nosotros hablándonos desde otra perspectiva, la más profunda verdad que negamos es que somos uno mismo, somos interdependientes y estamos conectados, el elemento de unión es el aire que respiramos.
Nos gusta regresar a la madre tierra, pues en esta conexión física, amorosa, espiritual, poética nos reconciliamos con las verdades que obviamos, y que debemos repetirnos mil veces para no olvidarnos, estamos conectados, en este momento lo estamos tu y yo a través de las palabras, en esta tierra a través de las acciones que realizamos, lo sentimos al sumergirnos en el silencio y cuando accedemos a lo más profundo que tenemos, a la armonía celestial del viento que nos comprueba nuestra conexión con lo eterno.
11. En el camino hacia Inveroran
Camino por la columna vertebral de las montañas, subo y bajo cimas cuál si fuera una canica que va asombrándose de cuánto admira, rodar es mi único objetivo y mientras lo hago descifro un poco más del misterio, de los símbolos en los que me entretengo mientras en el paisaje me concentro, mientras lo hago siento que me empieza a salir musgo en el cabello, mis pies se van convirtiendo en piedras que chocan contra otras emitiendo un magnífico estruendo, expulsó agua por cada uno de mis poros y a veces cuando asciendo muy alto de mis lagrimales nacen de fascinación cascadas, brotan flores de mis retinas, de mi pensamiento, esporas que vuelan en el viento, se siembran más adelante y explotan creando otras, como una pandemia nos vamos contagiando de creencias, mi ADN se me está ordenando verde y creo también me han aparecido en los los tobillos unas pequeñas alas rápidas de colibrí, mientras que de mis omoplatos se alzan largas otras grandes alas, mis gritos cada vez suenan más como el grito del águila, siento en mis fluir torrentes azules que se despeñan de forma constante a velocidades insospechadas, mi sensibilidad está en diálogo con el ambiente y aveces se detiene, entonces parece que de mis montañas emergen nubes, así me voy al cielo y entonces caigo en cuenta que mi verdadera esencia es el viento y que lo que más me conquista es cuando a través de una chispa me convierto en fuego.
12. En el camino hacia Kinlochleven, West Highland Way
Necesito contemplar el infinito para darme cuenta de la verdadera razón por la cual escribo, escribo por que siento que el viento me atraviesa por completo, por que a través del verso hago sencillo lo complejo, por que a través de esto concentro mis más grandes entendimientos en instantáneas, creo que estas letras son la esencia de mi búsqueda humana concentrada, es mi tarea de trascendencia, es una forma de pagar mi deuda con la belleza pues me siento sacrílego al tomar tanto de ella, es mi acto de vuelta, escribo porqué sé que es lo más valioso que puedo hacer, y te lo digo para incitarte a hacer lo mismo, para que creas y vayas en la búsqueda de aquello que más deseas.
13. En el camino hacia Kinlochleven
Comulgo con el fluir del río a través de mis oídos y deseo como él siempre incesante sonreir. Se que en su borboteo están todas las respuestas a las preguntas que me inquietan, es así que aprendí que que la gran solución está en dejar el cuestionamiento ir, dejar que se pierda como una roca más entre las ondas, un susurro quieto entre las piedras que como el cloqueo de un transparente corcel se van con la corriente, en el centro de ella me establezco y replicó con mis huesos el sonido del agua descendiendo, soy solo un instrumento de la naturaleza que canta incesante una líquida armonía llena de energía, en la que me dejo ir para volver a renacer más adelante otra vez.
14. En el camino hacia Kinlochleven
Elijo ser un viajero por que he descubierto que la ruta a la felicidad está en el autodescubrimiento y mientras más me pierdo más me encuentro, mientras más camino más llego, mientras más escribo obtengo más silencio, solo encuentro la paz cuando estoy en movimiento, solo me siento completo cuando estoy en conexión con el universo y adoro la transmutación de la conciencia a la que accedo a través de la comunión con la naturaleza, quiero fundirme en los colores del amanecer y reflejarme en mil y un montañas, esta es mi elección, estas mis palabras.
15. Ben Nevis, Fin del West Highland Way
He abierto unas cuantas más puertas a mi conciencia a través del West Highland Way, en sus vías he accedido una vez más a la sabiduría que emana del crujido de mis pisadas en las rocas, su neblina ha elevado mi sombra hasta mis ojos y como en un espejo me reflejo en cuanto observo, me he unido con el flujo de las esporas avanzando y reproduciéndose en el viento, al mágico crecimiento lento de los hongos en la materia descompuesta, en los árboles que han caído pero siguen vivos y sus raices crean nuevos ecosistemas, como ellos aun cuando caigo sigo en la evolución, la creación es infinita, lo siento, lo encarno, lo creo, soy una materia viva.
He renacido muchas veces en esta existencia, al estar por completo conmigo en las travesías, me doy cuenta de los cambios que me están sucediendo, los comprendo, los abrazo, los acepto e interpreto el movimiento de las nubes en el cielo. Soy esa variación informe que no cesa de moverse, ese cúmulo que oscurece y da paso a la luz de repente. Soy también la montaña que la exhala, la forma amorfa que me forma se desdobla en un concierto de hojarasca.
No ceso de verme y me doy cuenta de cuán simples son mis necesidades, pero en qué grandes problemas complejos entretengo a mi cerebro, es una lástima que en el fondo seamos incapaces de disfrutar cuanto tenemos y estemos casi condenados a estar insatisfechos buscando aquello de lo que carecemos, pero creo que también gracias a eso es que hemos como humanidad avanzado.
Al final del West Highland Way está el gran Ben Nevis, quien me muestra su glaciar cara gris de montaña y me grita en silencio “ven hacia mi, te traje hasta aquí para que intentes entrar en mi, el camino no termina, hasta que comprendas la perspectiva universal y atemporal” y algo en mi contesta “quiero cesar un poco más mi lógica y darle paso a la sensibilidad que me desborda, abrirme la cabeza un poco más para dejar salir al arcoíris que hay en mí, debo dejar que esta cirugía a corazón abierto me siga transformando en lo que deseo, que las hojas blancas no cesen de llenarse de tus consejos”.
Los árboles resuenan como uno solo en un rumoroso estruendo, el cataclismo de mi mismo está sucediendo, el eterno regreso hacia la naturaleza me concentra, me dejo ir en la espiral, suelto por completo el peso, voy haciéndome cada vez más ligero, tomo más y más velocidad, hasta que regreso a mi ser original, me veo con cariño y me abrazo una vez más, ha sido difícil llegar hasta acá, nos digo, ha sido doloroso, pero es divino, somos el más grande misterio, el más bello, el único que tengo.

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