Somos lo que fuimos, pero no necesariamente seremos lo que somos; el cambio siempre nos abre a otras versiones de nosotros. Somos posibilidad. Genialidad en desarrollo. Productos que nunca acaban de adquirir su forma definitiva. Materia gestándose, moldeada por la combinación del destino y nuestra interpretación del mundo, de la simbiosis entre lo que somos y la forma en que interpretamos lo que sucede. Amo el futuro por ser el reino de la imaginación y la posibilidad. Amo el pasado por haberme forjado como soy y por haber sido verdad. Y el presente es la oportunidad infinita de hacernos conscientes, tomar las riendas y disfrutar.
Lo importante es asumir la responsabilidad de nuestra emoción y nuestras acciones, pues cada una de las decisiones que tomamos nos va forjando. Yo he decidido ir perfeccionando este sistema de cambio durante todo el tiempo que dure mi existencia con la única gran meta de descubrirme en busca de una mayor verdad, paz, alegría y trascendencia. Creo que esa es la clave de la armonía. Sin embargo, siendo congruente, esto es lo que pienso en estos momentos, no sé si será así siempre. Solo sé que debo seguir siendo consciente, y creo que esta es la razón por la que escribir es parte fundamental de mi religión y mi felicidad, pues en esta hoja en blanco es donde voy trazando los bocetos, las ideas, las teorías que voy después encarnando. Creo que esta actitud de creación heredada de la poesía, la narrativa, el teatro y la autorreflexión es lo que me hace más consciente de que me encuentro en desarrollo. Sin embargo, necesito, necesitamos esforzarnos para realizarlo, pues realmente cuesta trabajo ir a por lo que se desea. Cuesta trabajo cambiar de opinión, reconocer que nos equivocamos, valorar las enseñanzas y no quedarnos atrapados en el fracaso, convertirnos en nuestros aliados, querernos, perdonarnos, sernos de ayuda y estar de nuestro lado.
La resistencia es la fuerza más oscura que debemos enfrentar para salir adelante. Nuestro cerebro reptiliano, formado hace millones de años, nos dice que solo necesitamos sobrevivir y nos intenta disuadir de que busquemos más allá de las funciones básicas para la supervivencia porque podríamos lastimarnos. Y sí, el dolor puede ser el precio a pagar por el crecimiento, es un riesgo que tenemos que asumir.. La primera vez siempre es más difícil que la segunda; conforme vamos adquiriendo el hábito creamos momentum y empezamos a ver resultados; después solo necesitamos entereza, seguir a pesar de los golpes, de las malas ideas, de las fuerzas de oposición, de las tragedias; seguir y seguir hasta llegar a una meta y después cruzar las miles de dinteles que separa el que fuimos del que somos, el que quería del que lo hizo. Aquellos que tomamos el control de nuestra existencia sabemos que lo más grande es aquello que nuestra mente crea, para luego materializarse en nosotros mismos y en lo que nos rodea. Somos creadores de nuestra existencia.
Es momento de ir a por lo que deseamos, de empezar aquello que siempre hemos anhelado, de ser quien siempre hemos querido ser, de ponernos nuevas metas, de empezar nuevas tareas, de darle nuevas dimensiones a nuestra existencia. Si no lo hacemos, nadie lo hará por nosotros y el tiempo, el recurso más escaso que tenemos en nuestra vida, va pasando y se va acabando: no debemos caer en el espejismo de creer que tenemos demasiado, pues siempre resulta insuficiente cuando se piensa en lo eterno y lo ilimitado, en las posibilidades que nos ofrece sumirnos en la complejidad de nosotros mismos, en esa alberca tan grande como el mar que es nuestra conciencia de la realidad. Hay tiempos para jugar, para trabajar, para estar con los demás e intentar recrearnos, divertirnos y disfrutarnos lo máximo posible. La mejor versión de nosotros mismos es aquella en la que somos felices. Solemos tomar las mejores decisiones cuando pensamos que la alegría será el resultado, y normalmente es cuando más nos acercamos a conseguirla; y aunque no lo consigamos vale la pena intentarlo, y repetírnoslo y que nos lo repitan una y mil veces, pues estamos faltos de que nos inviten a la introspección, no solo al consumismo desbocado.
Necesitamos que nos alienten a seguir una y otra vez, reconocer lo que nos produce felicidad y gratificación, y sentirnos acompañarnos en este camino arduo. Te ofrezco, más que mi mano, mi palabra, pues estás lejos y solo a través de ella puedo alcanzar tu alma y encenderla, motivarla, empujarla, abrazarla. La comprensión, el amor y la compasión son cualidades en expansión que no pertenecen únicamente al que las experimenta, sino que se reproducen cuando se ponen en práctica, pues armonizan con lo que sucede de forma incansable en la naturaleza, con el crecimiento, la interconexión y la belleza. La energía conectada crea ecosistemas; cada uno de nosotros somos nodos de sabiduría y belleza, al sentirla inevitablemente la reproducimos en más palabras, en sonrisas, en energía… lo único que necesitamos es sintonizar y ponernos a reproducir esa melodía infinita. El ácido desoxirribonucleico de esta existencia es el crecimiento, la paz y el conocimiento, el cúmulo de aquello que las palabras no pueden expresar pero a las que con la poesía queremos apuntar, el nombre de Dios, el viento de las alas de la deidad, el polvo estelar, la respiración consciente que incluye a los demás, la madre de la creación en gestación, la posibilidad, el choque de átomos, el big bang, la presencia, el ser, la identidad que nos llama a armonizar lo externo con lo interno, a ser alguien más, a elegir una nueva posibilidad, a dejarse ir en el verso de la eternidad y ser parte de la poesía constelar.
0 comentarios