Mi disrupción
[social_links_para]

por | 04/01/2023 - 1:39 PM | Cambio de vida

Recuerdo la primera vez que tuve frente a mí una grabadora de audio. Era un armatoste gris grande cuya principal finalidad no era grabar, sino reproducir cintas. Visto en perspectiva era fácil entenderlo como una pieza de arte de mecánica, tecnología tecnológica. La parte mecánica era el motor que hacía girar los engranajes que se ingresaban insertados en los orificios del cassette y que movían la cinta magnética de un lado a otro. La tecnológica, casi mágica, era la capacidad de esta cinta de tomar el sonido alrededor y guardarlo para la posteridad, tal como lo hace el papel al escribir. A esta acción se le llamó «grabación», pues parece que la máquina dibujaba invisibles símbolos magnéticos en la cinta. La gran grabadora gris, que había perdido la tapa, contaba con un pequeño orificio en la parte superior que decía «Mic»,: eran los oídos del sistema. Recuerdo que vi a mis primos grabar un cassette con ese aparato y quedé fascinado de la capacidad, me moría de ganas de hacer la mía grabar el mío, pero tardé tiempo en hacerlo. 

Años después mi padre tuvo una grabadora mucho más avanzada, era mucho más pequeña, y también la anhelé, siempre la quise poseer quería tenerla. creo que no grababa porque no sabía que grabar, era como si tuviera que tener poseer algo lo suficientemente valioso como para poder ponerlo registrarlo en una cinta, pues en ella sólo las que yo conocía sólo había grandes creaciones, como la música o los más bellos cuentos y poemas, y uno algún que otro cassette de chistes, y los más bellos los de cuentos o poemas. Había muy pocos de ellos. No puedo ni recordar el nombre de uno de ellos. 

Creo que la primera vez que me atreví a grabar un casete fue a los quince años, siete años después de mi primer encuentro. Lo hice con un amigo. No recuerdo bien de qué trataba, era una mezcla de chistes, reflexiones, poemas e incluso creo que música. 

Por aquel entonces había una estación programa de radio que empezaba a hablar de música de forma algo abstracta de la música,. gran parte de las canciones iban acompañadas de una descripción metafórica, y onírica, una interpretación muy libre de lo que evocaban,lo único objetivo era el nombre de la canción y quien la cantaba el cantante. La estación El programa se llamaba Rock 101, y fue en ella donde escuché por primera vez una mezcla de poesía y música moderna. Mi corazón se elevó más allá de mi cabeza, de mi voz, de la voz del que declamaba locutor,; era en ese momento para mí lo vi como el mejor uso del que se podía dar al invento, de la radio, los sistemas de grabación, pero no pensé en hacerlo. 

Cuando empecé en la facultad de teatro específicamente y entré a la clase de expresión verbal quedé prendado de la clase esta asignatura en el momento en que nos dijeron que el trabajo final iba a ser una pieza de radioteatro. Tomé Empecé el curso muy ilusionado, hasta que un día, casi al final del segundo semestre, la maestra anunció que el examen final había cambiado y ya no íbamos a hacer radioteatro. inmediatamente contesté «no sé qué hago aquí» y me fuí, no solo de la clase, sino del teatro de la facultad. 

Mientras tanto, mi primer amor desdichado, una ilusión romántica que tuve en Xalapa, por una mujer a la que apenas conocía, me invocó e instó a hacerle un casete, que fue mi primera grabación seria. este juntaba poesías que había escrito con música, creo que fue mi primer grabación sería. Lo hice por amor., La hice por despecho., La hice desesperado por entender, comprender, por obtener… No sé el qué. Ahora veo que lo más bello de ello fue la experiencia de haberlo hecho. 

Dejé de prestar atención al audio y me concentré en la letra,. me dediqué a escribir, a vivir y luego a sufrir buscando dinero, hasta que puse establecí un alto en el camino y renací. Lo primero que se me ocurrió fue hacer un programa de radio, que hablara sobre viajes, música y poesía del mundo. se llamaba Artefacto Mundial,. hice dos o tres capítulos, y los transmití en las nacientes radios por internet,. luego lo cambié por Artefacto Mexicano, y centré la temática en los viajes.: Mi gran amor, mi más férrea amante, la musa a la que persigo una y otra vez y que me lleva siempre a conocer algo nuevo,… tanto que me alejé otra vez del micrófono, me dediqué a viajar una vez más, y luego a hacer dinero para poder seguir viajando y escribiendo, y viviendo. 

Hoy, a los cuarenta y cinco años, regresó al micrófono como el enamorado que se alejó demasiado del amante, y desea regresar directo al compromiso. Tengo tanto que contarle,… valioso mucho aprendizaje extraído de muchos libros, muchos poemas que he escrito, muchas cosas y multitud de experiencias que he vivido. Y, ahora, el micrófono, que está conectado al internet, deja guardada en esta memoria digital omnipresente digital mis letras, mis palabras, que en su gran mayoría son un espejo y un testimonio de lo que ha vibrado en mi interior,. mi tarea es transmitir el trémulo temblor o el estruendo y convertirlo en algo que apunte hacia aquello que siento, vislumbro o encuentro, pues, aunque las palabras nunca logran raramente consiguen reflejar aquello que intentan nuestro mundo interior, es lo más maleable que tenemos para transmitirlo,; y en elsu tono está aquello que no pudo ser escrito, más los adornos, efectos y otros artilugios sonoros que de vez en cuando ayudan a poner un acento en resaltar algo,. Hoy soy Edgardo Montero, hoy soy un locutor, un escritor, y un audio creador, y esta es mi particular disrupción.  

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *