Lo único que realmente es nuestro es la vida que tenemos, la cual se puede medir en tiempo. Los tibetanos dicen que la muerte es un dios que sale en nuestra búsqueda desde que nacemos, y nunca sabemos cuándo llegará; por ello, debemos de estar alertas, primero para no encontrarlo y segundo para disfrutar el resto de vida que nos queda. El que no sabemos cuánto tiempo sea, todavía lo vuelve más escaso y valioso, pero lo cierto es que nunca es demasiado y que, conforme pasan los años, tenemos la sensación de que avanza más rápido. Recuerdo que de niño el tránsito hacia el Año Nuevo era como una larga expedición, y todavía intento que sea así; para lograrlo lo que hago es intentar ser consciente de cómo se me va la vida entre las manos conforme la voy viviendo.
A lo largo de estos cuarenta y cinco años—pocos para algunos, muchos para otros— he buscado el sentido y la felicidad. Recuerdo que, a los quince años, empecé a dudar de la existencia de Dios, cuando me di cuenta de que podía tener mis propias creencias. Descubrí la libertad de viajar haciendo autostop, y que podía estudiar en los libros lo que fuera, y me di cuenta de que había muchas personas, como yo, interesadas en la existencia. Sentí una gran felicidad en cada descubrimiento y al mismo tiempo un gran terror por lo que significaba la libertad: era yo quien debía decidir qué hacer, quién debía decidir en qué creer —o, más bien, descubrirlo —. El miedo existencial se apoderó de mí. Las preguntas «¿qué sentido tiene la existencia?» y/o «¿para qué venimos aquí?» me han acompañado de lejos y de cerca durante toda mi existencia. No sé si es por mi edad, por lo que llaman la crisis de la edad media, o por estar en la parte más baja de la U de la felicidad—pues dicen que los momentos más felices son la niñez y la vejez, y justo en el punto medio es cuando estamos más cerca del sufrimiento—, por la pandemia, por haber levantado y cerrado varias empresas, por haber estado tanto en la abundancia como en la bancarrota, por haber viajado por miles de ciudades… siento y quiero dedicar este momento de la existencia a diseñar y crear una mejor vida, y siento también la necesidad intrínseca de ayudar a las personas también a diseñar y cambiar a mejor su vida, pues creo que muchos, como yo, estamos cómodamente perdidos, algo insatisfechos con lo que hemos hecho o simplemente queremos aprovechar mejor el tiempo que nos queda por vivir.
Parto de la idea de que, como yo, quieres ser feliz y vivir la mejor vida que puedan. Para ello, lo primero que hay que hacer es cuestionarse, más allá de lo que se considera que es la felicidad, lo que te hace feliz a tí, en tu individualidad. Según el científico británico Paul Dolan*, la felicidad está compuesta de placer y de propósito, y para conseguir el equilibrio vamos de un lado hacia otro. El placer es fácil de encontrarlo, es sensorial: se siente al comer, dormir, tener sexo, en cierto entretenimiento, en el ejercicio; y el propósito lo encontramos en el trabajo, en la religión, en los hijos, en la meditación. Según él, la felicidad está en ir de un lado a otro, si sólo buscamos el placer nos sentimos algo vacíos, entonces vamos en busca de sentir. Creo que uno de los mejores ejemplos a este respecto es cuando nos vamos de viaje durante mucho tiempo: nos divertimos, hacemos cosas nuevas, es decir, nos llenamos de placer; pero, llega un momento en que queremos volver a trabajar o hacer algo con nuestra vida, es decir, algo que nos dé sentido o propósito.
Creo que la mayoría de las personas buscamos estos dos aspectos todo el tiempo de una u otra forma. Si observo mi día a día, bien puedo ver en cada una de mis actividades que tienen un componente de uno y de otro, y cuando consigo juntar ambas, como trabajar en algo que da sentido —como ahora—, logró estar en un momento alto entre los dos, pues escribir me da un placer intelectual y emocional de alta intensidad, a la vez que me da sentido: me descubro, me reflejo, comparto, ayudo. En mi caso, el placer por sí mismo lo disfruto todo el tiempo en mi café, en la comida, haciendo ejercicio —que también me da algo de sentido—, conversando con amigos tanto de cosas profundas como de tonterías, estando en compañía de mi pareja, riéndome, queriendo y siendo querido. Y esta experiencia se vuelve todavía más intensa en los viajes, pues en ellos me someto a una explosión de placer estético, intelectual y emocional. Siento que vuelvo a nacer, pues veo el mundo con nuevos ojos, como cuando era niño; si estoy en compañía de alguien a quien quiero, la felicidad se vuelve aún más intensa; y si además hay un propósito en el viaje, como llegar a algún lugar espiritual, la cima de una montaña, terminar una carrera, transformar mi vida o simplemente pensar, la felicidad se multiplica de forma exponencial.
Pero esto es lo que me pasa a mí y, aunque lo más seguro es que a ti también esto te haga feliz, vale la pena preguntarse en profundidad, no una vez, sino la vida entera, qué te aporta a ti felicidad. Seguramente tendrás una respuesta rápida, la que tienes en la cabeza en estos instantes, pero si te lo preguntas con más detenimiento probablemente halles muchas otras. En este libro, audiolibro, curso o viaje lo vamos a analizar con todo detalle: mi plan es ayudarte a descubrir cómo ser feliz la mayor parte del tiempo, y cómo crear y provocar más y más felicidad, placer y sentido en tu vida.
Para poder lograr esto tendrías que analizar: «¿qué es tu vida?», «¿de qué está compuesta o de qué debería estar compuesta?». He descubierto que, a menudo, lo que nos hace infelices es concentrarnos solo en un solo ámbito de nuestra vida, como el trabajo, o cuando sufrimos de amor en las relaciones, o cuando dejamos de lado un área como la salud y la diversión. Tú determinas la medida y la importancia de todas estas áreas, tú tienes la clave de tu propio equilibrio, lo importante es que conozcas los ingredientes de la mezcla que sabes, crees o quieres probar para alcanzar más felicidad.
Normalmente si te dedicas mucho al trabajo acabas en un estado de burnout; para mí esta es la enfermedad más extendida en nuestro planeta. Los síntomas principales son estrés y, al final, agotamiento y aburrimiento. La causa principal se debe a trabajar demasiado, y esto incluye pensar en trabajo incluso en el tiempo libre. Las raíces de este síndrome están en todos lados: en el capitalismo, en la extensísima creencia de que el dinero proporciona la felicidad, en la crisis global, en la posibilidad que ofrece la tecnología de trabajar los trescientos sesenta y cinco días del año y, la más personal, en creer que el trabajo es lo más importante de la vida. Todos hemos conocido a millonarios miserables, a gente con éxito, pero triste, que incluso se suicida. Pero si analizamos los momentos más felices de nuestra vida, seguramente no sean cuando ganamos dinero o cuando más trabajamos. Siempre es bueno pensar y repensar los momentos en que más feliz has sido; de hecho, piensa en este momento:
¿Cuáles son los momentos en los que más feliz has sido? ¿Cuánta relación tienen con el trabajo y el dinero?
He vivido en este estado de burnout muchos años, de hecho, puedo decir que acabo de salir de un periodo intenso que me duró diez años. Todo empezó cuando inicié un emprendimiento, me empezó a ir bien y empecé a crecer. Todo lo demás desapareció; me levantaba temprano emocionado, y no terminaba de trabajar hasta muy tarde —mis jornadas eran de diez, doce e incluso catorce horas—, gané mucho dinero, tuve poder, viajé… pero al final sabía que algo no estaba bien. Empecé a tener insomnio, me dormía a las 11 y sin querer me despertaba a las 2, no podía dejar de pensar; primero estaba despierto una hora, pasaron los meses y fueron dos, luego tres, al final acababa durmiendome a las 5 de la madrugada, y de nuevo empezaba a trabajar a las 7; es decir, dormía de cuatro a cinco horas, estaba angustiado todo el tiempo, presionando y presionando, «work is never over». Viví enfermo del estómago, con gastritis y colitis, pero mi salud había dejado de importarme. Mi relación también. Acabé en el hospital sin dinero y sin seguro médico, pues por distraído no lo había pagado al dejar mis cuentas a cero por estar invirtiendo. Con el catéter en el brazo como si fuera un grillete tuve que pedir un préstamo para poder salir de aquella situación. Y esto apenas fue el inicio.
Sin dinero, enfermo, solo, agotado, deprimido y angustiado viví muchos años hasta que un día tuve que poner una solución. Todo empezó yendo a una terapia para dormir, que me llevó a acudir a un psicólogo, y luego a dos; después empecé a meditar, a practicar ejercicio diario, a cuidar mi alimentación… y pude ir reduciendo un poco sus estragos. Mejoré en todas las áreas, me convertí en un atleta, nadando seis y hasta once kilómetros en aguas abiertas, mejoré mi alimentación, mi salud, volví a tener amigos, me casé con una excelente mujer, conocí gran parte de Asia y más y más de Europa, hice casi una decena de triatlones y medio Ironman …Pero luego volví a caer, o más bien, recaer: el insomnio y la angustia regresaron, mi parte neurótica se exacerbó y las rutinas de diez y doce horas trabajando regresaron. Sentía que la oficina era una caja en la que me metía al levantarme; durante el día me enojaba, me desesperaba, sufría y me angustiaba, y salía por la noche confundido, algo triste, cansado y solo con ganas de dormir para regresar a seguir con el tratamiento infernal ; hasta que, gracias a Dios, tuve que cerrar la empresa.
Después vino la pandemia, y hoy me encuentro mucho más repuesto. Espero haber aprendido algo y no recaer una vez más, y por eso también estoy escribiendo esto, para cuidarme de este tormento y de otros que puedan estar ocultos en cada área de mi vida, si la dejo a la deriva.
La enfermedad física es uno de los mayores ladrones de felicidad. Un simple dolor de cabeza puede paralizarnos, por no hablar de cuando este es frecuente y nos entra la maldita enfermedad del dolor de cabeza, que también tuve por estrés, en la que no puedes ni ver la luz, sientes que el cerebro te crece, te mareas y vomitas, y parece que nunca acaba. O incluso una simple gripe, en la que cada vez que tragas saliva te duele y no dejas de toser y sufrir cada vez que lo tienes que hacer. Ola gastritis, el estómago inflamado, el no poder caminar por el dolor … Creo que no hay nada que nos aleje más de la felicidad que la enfermedad, por ello hay que tener esta área en consideración. Y, como supondrás, la salud integral no solo es física, sino también mental, emocional, económica y espiritual.
Si dejas de lado el amor, que está representado en tus relaciones, también te darás cuenta de que, en gran parte, la felicidad está relacionada con los demás. Pascal decía que la principal causa de los problemas del hombre era su incapacidad para estar consigo mismo.
La única forma de soportar la enfermedad es teniendo una buena relación con nosotros mismos y/o con Dios. Hay mucha felicidad en poder tener amigos que estén pendientes de nosotros y nosotros de ellos, compartir el camino que supone vivir, trabajar con otras personas para hacer cosas grandes, tener una familia, padre, madre, hijos, tíos que nos quieran y nos ayuden a salir adelante, por no hablar de tener una pareja, una novia, una «amigovia» o una esposa con la cual compartir la vida. En las relaciones hay amor y, en el amor, felicidad.
¿Y qué es la vida sin diversión? Podemos encontrarla de muchas formas; sin embargo, si no elegimos las adecuadas podemos enfermar. Las diversiones más comunes son el alcohol, el shopping, las redes sociales, los videojuegos y la televisión, pero la adicción a cualquiera de estas puede alejarnos por completo de la felicidad. Hace años fui adicto a todo, esa fue mi primera gran batalla. Fui adicto al alcohol y las drogas durante varios años y casi muero intentando dejarlo. Este año cumplo veinte años sobrio y puedo decir que esa enfermedad es la peor, la más silente, y la mayor enemiga, a largo plazo, de la felicidad.
Todas estas son las áreas de la vida que hay que cuidar. La felicidad no está en tener un equilibrio perfecto entre todas, sino en decidir cuánto y qué se quiere de cada una de ellas. En este libro, audiolibro, curso revisaremos al detalle cómo maximizar en cada una de estas áreas tu felicidad.
Y a ti, ¿qué es lo que más te duele?
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