Los vicios o la recreación nociva.
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por | 03/10/2022 - 10:21 PM | Cambia ti vida, Recreación

Recuerdo decenas de veces estar tirado en el suelo, en la alfombra de una casa o en una banqueta sintiendo como la casa daba vueltas, y yo me aferraba a ella sintiendo que debía de agarrarme fuerte al suelo porque, si no, me caía al precipicio. El mareo era una alucinación tridimensional porque, literalmente, todo cuanto veía se descomponía en dos; tenía ganas de vomitar, y una sensación de terror y malestar muy intensa.

Recuerdo también decenas de veces que me contaron cosas que hice y no recordaba.

Recuerdo haber perdido cientos de miles de pesos, quizás millones, en accidentes, olvidos, choques automovilísticos y problemas con la policía.

Recuerdo también la infinita tristeza con la que me veían las personas que me querían, las decepciones, los desamores, los problemas que causaba, las injurias que dije sin pensar y el sufrimiento que provoqué.

Recuerdo que todo esto empezó buscando «diversión»: al principio fue el cigarro, luego el alcohol, luego la marihuana y decenas de diferentes sustancias. Gran parte de todo esto solo lo recuerdo por instantes. En algunos momentos sentía que estaba en el cielo, que yo era sabio y que estaba todo perfecto, como la primera vez que me inyecté morfina en la vena: cuando estiré el brazo recordé el libro de Siddharta de Herman Hesse y me dije «seguro que Buda se sintió así, esto es el Nirvana, no necesito absolutamente nada…». Sin embargo, unas horas después, a media noche, salí con absoluta desesperación a buscar otra dosis por toda la ciudad; recuerdo caminar con sudores fríos por calles peligrosas: justo frente a mí vi cómo golpearon a una persona en la cabeza con una pistola y yo seguí caminando, buscando la sustancia.

Recuerdo cientos de momentos en los que estuve en riesgo y en los que pude acabar muerto o encarcelado, y todo en nombre de la diversión, de vivir la vida, de ser feliz, de buscar alegría. Pero el resultado era todo lo contrario.

Muchos de los que iniciamos ese camino buscando felicidad, júbilo y alegría quedamos atrapados en esa situación durante años —algunos de por vida— en una espiral de decadencia infinita, aumentando nuestras capacidades autodestructivas y haciendo sufrir a quienes nos querían. Y todo empieza con un cigarro, luego una cerveza, una borrachera, después algo de marihuana, y de ahí se pasa a las grandes sustancias, como la cocaína, la piedra, el crack, el LSD, la heroína y las drogas de diseño, que cada día siguen evolucionando y volviendo cada vez más y más adictos a millones de personas.

Detrás de las drogas hay toda una industria millonaria. Una vez escuché que un narcotraficante mexicano le dijo a un presidente que más o menos él contribuía con el 50 % del producto interno bruto. No lo dudo. No importan las cifras, el negocio de las sustancias ilegales, como todo gran emporio comercial, lo único que busca es maximizar el consumo y sus utilidades.

Por el momento, socialmente condenamos solo las sustancias ilegales; aunque en algunos países el alcohol también es visto como una sustancia peligrosa. Sus efectos son igual de devastadores que los de las otras drogas, la única diferencia es que es relativamente más fácil de controlar y que está socialmente aceptado; sin embargo, tiene niveles de adicción similares al tabaco y a la cocaína.

Otra actividad similar a la droga son las compras compulsivas. Aunque es una adicción mucho más difícil de detectar, sigue el mismo patrón que las otras: una vez que se empieza no se puede parar. Lo complicado de esta adición es que también es socialmente aceptada, incluso a veces valorada. Siempre me he preguntado por qué la gente «felicita» a otra porque adquirió una deuda por un coche o una casa.

La lista de los hábitos o trastornos obsesivo-compulsivos es grande: el juego, la anorexia, la bulimia, la adicción al sexo o al trabajo… Lo que tienen en común todos ellos es que, en el fondo, las personas que los padecen no pueden controlar su voluntad y están llenas de dolor, soledad y desesperación. Todas estas adicciones producen un hambre infinita, y cuanto más se consume más se quiere. En definitiva, acaban produciendo un resultado opuesto al deseado. La recreación, o el júbilo, dura un instante y cuando desaparece, en su lugar queda un sentimiento de pena, dolor, culpa o remordimiento.

Estoy muy familiarizado con ese sentimiento, y aún lo sigo viviendo de vez en cuando, no con el alcohol o las drogas sino con las compras, sobre todo de nuevos gadgets, o con la comida. Cada vez que quiero escribir un libro quiero tener un nuevo teclado, un nuevo ordenador, un nuevo cuaderno, un nuevo curso…; cada vez que quiero crear un nuevo proyecto quiero un nuevo equipo, otro ordenador, un nuevo micrófono, una nueva consola, una cámara…; y tengo muchas, muchas más de las necesarias.

Siempre que siento cercano algo que se parece a la adicción recuerdo las palabras de mi padrino Ernesto: «en el fondo las drogas son dolor, soledad y desesperación». A veces creo que con el nuevo gadget voy a poder superar mis miedos; quizás pretendo saltarme el dolor que produce pasar a la acción y realizar el proyecto. La sensación de no poder se convierte en desesperación, y a veces parece que comprar algo es la solución a mi soledad, al dolor o a la desesperación de no poder cambiar.

Todos sabemos cuáles son para nosotros esas actividades nocivas que, en teoría, realizamos para recrearnos, pero que en realidad nos producen una «resaca» física, emocional y monetaria.

No es mi deseo censurar, juzgar ni criticar a nadie; cada uno puede hacer con su vida, su cuerpo y su dinero lo que quiera. Lo único que intento es que seamos conscientes del lugar al que nos dirigimos, empezando por mí. Este es el objetivo de este programa. Y, a mi modo de ver, las drogas, las apuestas, la comida, los malos hábitos, las relaciones, las compras o el trabajo compulsivo, pueden acabar llevándonos a lugares que no deseábamos y a comportarnos de maneras que después nos arrepentimos.

La trampa de las adicciones es que nos dirigen a lugares opuestos de los que queremos. La ecuación es sencilla: intentamos sentirnos bien y acabamos sintiéndonos mal; buscando felicidad acabamos obteniendo tristeza; buscando libertad acabamos siendo prisioneros; buscando compañía acabamos teniendo soledad. Y lo peor es que hay toda una industria con miles de mensajes publicitarios que nos incitan a consumir, una fuerza omnipresente que nos impulsa a recaer día tras día, momento a momento.

Una buena forma de ser conscientes de nuestra vida es tomando las riendas de cada una de sus áreas y saber hacia dónde nos estamos dirigiendo en cada momento. En el día a día es casi imposible verlo, pero si vamos teniendo una bitácora de lo que decidimos y lo que hacemos, con el tiempo empezaremos a ver si estamos llevando o no la vida que queremos y tendremos la oportunidad de optimizar y corregir el rumbo; por eso la palabra clave es «QUIERO», pues mi mayor deseo es que vayas a donde deseas, y para logarlo el primer paso siempre es que te cuestiones y que te digas a ti mismo «esto es lo que quiero».

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