Hasta ahora hemos analizados los ingredientes esenciales de la empresa: la oferta de valor, compuesta por la armonía entre el producto y el público meta, y las actividades principales de la empresa, como la producción o creación de valor, la comercialización o entrega del valor y la administración de los recursos físicos, digitales, intelectuales, humanos y financieros necesarios para llevarlo a cabo.
El ingrediente principal para el buen funcionamiento de una empresa es el emprendedor, que realiza o coordina estas actividades; si eres freelancer todo lo tendrás que hacer tú; si te imaginas como empresario debes dividir tu tiempo en crear tu oferta de valor, venderla, producirla, y administrar los recurso que necesitas para hacerla. Si quieres ser un solopreneur seguramente empezarás haciendo tu todo y poco a poco irás contratando personas, softwares y proveedores para que te ayuden a seguir creciendo. La diferencia entre freelancer y solopreneur es, en esencia, que en la primera categoría estas solo y en la otra tienes asistencia, pero en ambas tú eres el centro de la empresa.
En el caso de los emprendedores, dado que la meta es crear una empresa, es aconsejable conseguir un especialista, un socio, un gerente, un director o un experto en el área que se nos dificulte más, ya sea en la producción, en la administración, las ventas o la creación de ofertas de valor. Siempre es bueno examinar en qué somos buenos y buscar ayuda en aquello que nos lo somos. Personalmente empecé como freelancer, pero mi deseo de crear más me llevó al emprendimiento. Recuerdo vívidamente el momento en el que decidí volverme emprendedor: me di cuenta de que había una oportunidad en la creación de contenidos en texto, audio y vídeo para las empresas, que todas en cierta forma se volverían medios de comunicación, y decidí que contrataría a gente para hacer estos contenidos, mientras que yo los dirigiría. Mi actividad central eran las ventas y la dirección de la orquesta. Empecé a aprender de la creación de empresas tomando cursos y leyendo en el tiempo libre que me quedaba. Poco a poco fui creciendo mucho más de lo que había imaginado y empecé a creer que podía crecer aún más; el progreso me iba demostrando de lo que era capaz y así empecé a ganar más dinero, a tener más responsabilidades y a dirigir grandes proyectos y actividades que involucraban personas con diversos conocimientos, experiencias y actividades. Conforme iba creciendo me di cuenta de que mi principal labor era dirigir, así que me especialicé en esa función, y fui adquiriendo práctica y confianza en la creación de ofertas de valor, la comercialización, la producción y la dirección de empresas.
Para poder mejorar de forma permanente mis emprendimientos creé un sistema parecido al sistema «QUIERO»; de hecho, este nació primero; se llama «OPERO» y es lo que utilizo para mejorar continuamente cada una de las actividades, áreas y procesos de la empresa. «OPERO» es el acrónimo de Objetivos, Planificación, Ejecución, Resultados y Optimización, y su aplicación es la calve para mantener el cambio y la mejora continua como parte permanente de cada área y actividad de la empresa, en definitiva, de la empresa en su totalidad. A continuación, te voy a explicar cada una de las etapas.
Objetivos:
Lo primero que hay que tener claro antes de mejorar cualquier área es qué queremos lograr y cómo lo vamos a medir, es decir, cuáles son nuestros objetivos, nuestros indicadores clave, o KPI (Key Performance Indicators). Como dicen, lo que no se puede medir no se puede mejorar, así pues, lo primero que debemos de preguntarnos es el objetivo de cada área, de cada actividad y de la empresa en general. Normalmente el objetivo del área de producción es alcanzar cierta cantidad de objetos, y el de la comercialización vender cierto número de estos o lograr cierta cantidad de ingresos. Sin embargo, cada una de estas actividades se puede subdividir en muchas tareas. Por ejemplo, en la comercialización, como vimos en la construcción del circuito comercial del cliente, en la Conquista el objetivo es darse a conocer entre el mayor número de personas de nuestro público meta, en la Conversión que pasen a formar parte de nuestra comunidad, en el Convencimiento ir acercándolos poco a poco a la venta, es decir, que pasen de poco a muy interesados, hasta que lleguen a la siguiente etapa y se formalice el Cierre y, por último, el Cumplimiento, cuando se mide la satisfacción de los clientes. Una vez que tenemos claro lo que queremos pasamos a la siguiente etapa.
Planificación:
ahora, como en el diseño de vida, tenemos que investigar e imaginar cómo vamos a lograr nuestros objetivos, es decir, realizar un plan de actividades a realizar. Cuanto más detallados sean cada uno de los pasos, definiendo cada una de las personas responsables y una fecha y un tiempo determinados, más probabilidades habrá de que se logre el objetivo.
Ejecutar:
Una vez que se tiene el plan viene la etapa de mayor envergadura, la cual es convertir cada una de estas actividades en realidad. Si nuestro plan está bien realizado solo tendremos que verificar que se va cumpliendo tal y como lo planeamos.
Resultados:
Las actividades siempre dejan unos resultados; lo importante para poder recabarlos es tener claros los objetivos desde el principio. Solo si sabemos qué queremos lograr y cómo lo vamos a medir lo podemos cambiar y mejorar, es decir, pasar a la siguiente etapa, la optimización.
Optimizar:
Optimizar consiste en analizar los resultados e intentar mejorarlos, analizando qué podemos hacer para que las cosas salgan más rápido, sean de mejor calidad u obtengamos más cantidad. En esta fase es donde se da la mayor aportación de la dirección: el pensar, descubrir o investigar nuevas formas de administrar mejor los recursos.
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